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Catástrofe ecológica

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El Prestige ha marcado un punto de inflexión en el transporte marítimo de mercancías peligrosas.

Nunca la condena europea había sido tan sonora y seguramente obligará a la Unión a tomar medidas muy serias porque hay un clamor de toda Europa que pide más protección para sus costas.

 
Mientras el fuel del Prestige sigue fluyendo en medio del océano Galicia vive una catástrofe ecológica de consecuencias que todavía no conocemos. La marea negra ha castigado en diversa medida espacios naturales de gran valor ecológico en Muxía, Laxe, Camelle, Corrubedo, Porto do Son, Doniños o Valdoviño, y al final también se ha cebado con la joya ecológica de Galicia. Fue declarado parque nacional el pasado julio y ha tenido apenas cinco meses para disfrutar de ese reconocimiento. 1200 hectáreas terrestres y otras 7200 hectáreas marítimas en torno a las islas Cíes, Ons y Sálvora convertían hasta ahora al Parque Nacional de las Islas Atlánticas en uno de los mejores ambientes marinos de todo el océano atlántico europeo. Pero además de ser paraísos estas islas son barreras naturales que sobre todo en el caso de Cíes han impedido que la marea negra alcance la ría de Vigo. Las bateas, las playas y la costa de esta ría se han salvado de momento a costa de las islas. Los pescadores de la zona lo saben y se lo agradecen como pueden. Luchando a brazo partido con el fuel desde sus pequeñas embarcaciones para frenar la catástrofe y evitar una tragedia mayor. Vecinos de Cangas, Bueu y Vigo, los técnicos especializados y finalmente un grupo de infantes de la marina. Entre todos intentan salvar estas islas que eran lugar de paso habitual de ballenas, tortugas y delfines, pero todavía pueden aparecer otros efectos que dependerán del grado de toxicidad del producto vertido. El Prestige llevaba un combustible denominado fuel oil número 6 o búnker C, calificado por el comité de seguridad marina como contaminante dos veces superior a la del crudo, además de ser muy persistente en el medio marino y requerir un esfuerzo mucho mayor para eliminarlo.
Las aves marinas han sido la especie más castigada. En otoño, cuando cambia el tiempo, la costa gallega es lugar de paso para más de 20 especies de aves procedentes del Atlántico y el Mediterráneo, que, en caso de temporal, se detienen aquí hasta que amaina. La catástrofe del Prestige pilló a miles de estas aves guarecidas en la Costa da Morte. Parece ser que no son capaces de detectar los cambios en el agua y al buscar comida en la superficie del mar acaban entrando en contacto con el vertido. Las gaviotas intentan evitar la capa oleosa elevándose, los cormoranes y los araos lo hacen buceando, pero si el vertido ocupa una zona muy extensa les resulta difícil alcanzar aguas limpias. En el peor de los casos mueren envenenadas por ingestión de fuel, al tratar de limpiarse el plumaje. La hipotermia les llega cuando las plumas petroleadas dejan de ser impermeables y ya no pueden protegerlas contra el frío. Y tras varios días sin alimentarse, también la hipoglucemia se ceba con ellas.
La federación Ecoloxista Galega cree que el 40% de estas aves de 38 especies protegidas morirán por la contaminación. La Sociedad Española de Ornitología asegura que la cifra de aves muertas tras el desastre oscilará entre las 10.000 y las 15.000 pero que apenas uno de cada cinco ejemplares contaminados ha podido ser atendido en los centros de recuperación. A veces es difícil acceder a las zonas rocosas y a los acantilados donde se encuentran las aves dañadas.
En el momento de editar este reportaje los centros de recuperación de aves que tiene la Xunta en Pontevedra, Oleiros y Lugo habían recogido ya más de mil ejemplares de estas aves. El grado de recuperación es escaso. Cuando un ave marina petroleada se deja capturar suele estar ya muy afectada y normalmente poco o nada se puede hacer ya por ella.
La variedad más afectada en cuanto al número de animales muertos es el alca común. También preocupan la gaviota patiamarilla, el cormorán moñudo, el cuervo marino cristado, el mascato y sobre todo el arao común, una especie que en España solo cría en Cabo Vilano y las Islas Sisargas. Los expertos han certificado la muerte de 18 ejemplares de arao común, una cifra extraordinaria para una colonia en peligro de extinción que oscila entre las cinco y las once parejas.
El primer paso, una vez que el ejemplar ha sido recogido, es hacerle una ficha donde se indique la especie a la que pertenece. Se hace una descripción de su estado y se documenta con exactitud el lugar y la hora en la que se encontró. A partir de ese momento se le realiza un chequeo a cada ave que consiste en aumentar sus niveles de glucosa y rehidratarlas, aplicando electrolitos que son sales minerales. También se las trata con carbón activo que se pega al petróleo que puedan haber ingerido y que será eliminado con las heces. Se trata de estabilizarlas antes de trasladarlas al centro de O Campiño en Pontevedra donde ahora se centraliza la recuperación de las aves. En este centro están recibiendo la ayuda de la IFAW, una organización americana para la protección de la naturaleza con mucha experiencia en estos casos porque en Estados Unidos la ley obliga a las petroleras a compensar los daños que puedan causar financiando organizaciones como ésta. Una vez que está estabilizada el ave recibe un tratamiento de choque que consiste en un primer lavado en el que se le limpia todo el fuel. Se elimina cuidadosamente todo el jabón utilizado en este proceso y se seca. Se espera un tiempo y se procede a otro lavado, y así todos los que sean necesarios para eliminar totalmente el petróleo que está adherido a sus plumas. Cuando están totalmente recuperadas hay que soltarlas porque permanecer demasiado tiempo en cautividad las estresa y atrofia. El problema es que pueden volver a mancharse. Por eso se ha decidido efectuar la suelta de varios centros de ejemplares en una zona del sur de Portugal cercana a Lisboa donde se prevé que la marea no llegará y las aves encontrarán un hábitat similar. Si encuentran un ave dañada deben llamar al 085 y esperar a que vengan a recogerla los voluntarios del centro de recuperación de aves más cercano.
Además de las aves están las otras especies que según las últimas prospecciones se enfrentan a un fuel agarrado a los fondos marinos. Según Adena, el lugar donde descansa el barco partido a unos 2500 metros de profundidad es un canal submarino que separa el Banco de Galicia de la Plataforma continental, una auténtica montaña submarina en la que viven once tipos diferentes de tiburones, noventa peces, esponjas, estrellas marinas...un auténtico tesoro bajo el mar cuyo destino depende de lo que ocurra en las siniestras bodegas del petrolero mutilado. El gobierno español espera ansiosamente los resultados de los análisis que determinarán con exactitud la repercusión concreta del fuel en cada una de las especies. Pero los científicos advierten ya que a medida que se va degradando quedan los compuestos aromáticos policíclicos que no se ven pero que permanecen en el medio y son altamente tóxicos. En grandes concentraciones estos compuestos tienen la capacidad de romper las paredes celulares y pueden producir mutaciones.


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