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Puerta de América.

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Galicia sigue siendo la Puerta de América, pero ahora a la inversa, es la Puerta de entrada.

Solamente en el área municipal de Vigo conviven ciudadanos de más de cien países diferentes.

 
Tenemos que mirar a nuestro alrededor y pensar que estamos en el siglo XXI y que Galicia cuenta con importantes activos que, ahora más que nunca, deben ser los motores económicos de nuestro país. La industria, la agricultura, la construcción, el comercio, la enseñanza, la sanidad, las finanzas y muchos otros servicios sin duda se verán resentidos, pero no hasta el punto de que no puedan sobrevivir al esfuerzo. La moderna sociedad gallega es creativa y competitiva y ha demostrado ser generadora de riqueza. Estudios económicos recientes han demostrado que Galicia es una comunidad exportadora. El empleo industrial ha crecido de forma espectacular, importantes avances científicos se desarrollan desde aquí, el campo se ha modernizado y es competitivo, y el sector textil gallego viste a medio mundo. Precisamente por todo eso Galicia es Puerta de América, pero ahora a la inversa, puerta de entrada.
Vigo es la ciudad gallega que mejor ejemplifica el crisol de culturas que ya está cristalizando en nuestro país. Algo más del 1% del censo oficial de la ciudad olívica corresponde a inmigrantes extranjeros, lo que se traduce en tres mil quinientas personas. Aunque si hacemos el cómputo global de la década de los noventa, la cifra alcanza un saldo inmigratorio de nueve mil personas en el área metropolitana. Un recorrido por la ciudad nos arroja la impresión de una urbe cosmopolita donde residen ciudadanos de cien países diferentes. La educación es una de las dimensiones en las que mejor se aprecia el cambio. El número de estudiantes inmigrantes se incrementó casi un 25% el curso pasado, y la previsión es que la tendencia irá en aumento. Burela es otro ejemplo significativo. Los caboverdianos que se instalaron en los años 70 y sus descendientes son ya gallegos de Burela, y no dejan de llegar nuevos grupos de jóvenes procedentes de las islas. Aquí y allá, como hicieron los gallegos en su día, nuestros nuevos vecinos tejen ilusiones, trabajo y nostalgias. Y para curarlas buscan la compañía de sus compatriotas, para compartir recuerdos y revivir pedazos del país que dejaron atrás. De esta manera funcionan pequeñas embajadas en Galicia, como la Asociación Ourensá de Amigos de Venezuela, el Centro Argentino y la Casa de los Amigos de Uruguay. Con ellos podemos todos los gallegos sentarnos al lado de estos hermanos y disfrutar de su alegría y de lo mejor de sus hermosos países.


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