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El Nuevo Símbolo

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El puente del Milenio es el monumento del siglo XXI que será estudiado en los libros de arte del futuro.

Si las Burgas, el puente romano, el cristo y la catedral son dignos testimonios de una época, el Puente Milenio es el firme esfuerzo que hace esta ciudad para incorporarse a la época de las grandes, modernas y atrevidas obras urbanísticas.

 
Es mucho más que un puente, que una solución a un problema de tráfico, que el lazo de unión entre una ciudad y su barrio más habitado. Como dice su arquitecto: el milenio es un lugar para estar. Permite la contemplación, el paseo, la parada, el descubrimiento de nuevas perspectivas, una manera diferente de lucir la noche. Para muchos es un alarde. Lo es. Es un alarde de ingenio, un desafío al vértigo y las leyes preexistentes sobre lo que debe ser cada infraestructura, y desde luego un puente. Y como tal alarde es difícil que no guste, que no llame la atención. Más sencillo sería un simple puente de hormigón, pero ni sería constantemente visitado, ni se convertiría en lugar de encuentro y de paseo.
6.000 metros cúbicos de hormigón y dos millones de kilos de acero, ayudaron a resistir al Miño más fiero y desbocado en los temporales del año pasado. En su construcción trabajaron de forma directa 35 personas. Mide 23 metros de ancho. Y sobre todo la cifra que causa más curiosidad, 1.700 millones de coste.
Los ciudadanos notan que se ha descongestionado el tráfico para lo que además de construir este puente han sido necesarias tres nuevas rotondas, una a cada lado del puente y otra debajo. Gracias a esto será definitiva la peatonalización del Puente Romano.
Aunque su arquitecto no quiere ponerle nombre a la forma de su obra, se habla de una gaviota. Una gaviota que permite circular por sus amplias alas, subir y bajar. Su diseño se basó en 3 factores principales: eficacia estructural, economía y estética. El resultado transmite una idea de ligereza, una imposibilidad de comprender su geometría, plasticidad, y un indudable espíritu futurista. Este es el quinto puente de una ciudad que no se entendería sin el río Miño. Pero parece que no va a ser el último.


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