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La Catedral, el Cristo y el Casco Histórico

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Toda la ciudad vieja de Ourense es un ejemplo de conservación.

La zona vieja de Ourense no es un museo, es un conjunto arquitéctonico impresionante, lleno de vida por fuera y por dentro.

 
La primera de las tres cosas que diferencian a Ourense de cualquier otro lugar, es la imagen del Cristo milagroso. Los que acuden con fervor a postrarse a sus pies han afirmado siempre que al Cristo le crece el pelo y la barba, otros aseguran incluso haberlo visto llorar. La leyenda dice que fue encontrado por unos monjes bajando por el Miño, que venía de Tierra Santa y por eso era milagroso. La historia recoge que fue el obispo vasco Pérez Mariño el que lo trajo desde Finisterre hasta Ourense a mediados del siglo XIV y lo mandó colocar en una hermosa capilla barroca de la catedral. La basílica de San Martiño guarda una estrecha relación de parentesco con la catedral de Santiago. En el Pórtico del Paraíso, hecho a imagen y semejanza del compostelano Pórtico de la Gloria, las figuras de los profetas a la izquierda y las de nueve de los doce apóstoles a la derecha, conservan todavía la policromía. En los estudios sobre el origen de la ciudad la catedral aparece como el punto central de referencia. La ciudad fue creciendo en torno a ella. Surgió la Plaza Mayor que algunos sitúan sobre lo que había sido el foro romano y núcleo de la vida urbana, escenario de obras dramáticas, pregones, bailes... Ourense era entonces un diminuto núcleo urbano compuesto por varias iglesias y diversos palacios y casas de nobles e hidalgos. En el siglo XIV se construyó el Convento de San Francisco, que conserva en muy buen estado su soberbio claustro. Las plazas siguen siendo puntos de reunión, y la Plaza Mayor no es la única que se mantiene espléndida, también las pequeñas plazas de La Magdalena, la del Trigo, la Plaza do Ferro, la de Santa Eufemia o la más desconocida plaza do Eironciño dos Cabaleiros. Todas unidas por calles que también mantienen inalterable el sabor familiar que tienen las ciudades pequeñas, los viejos comercios de toda la vida y otros nuevos que no quieren permanecer ajenos al apogeo del casco antiguo.


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