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Vacaciones en el Edén

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Tiene el País atractivos mil para el sosiego vacacional y gente acogedora dispuesta a recibirles

Entre los montes del interior de Galicia siempre hallaremos un regazo verde para nuestras vacaciones junto al río o en la medialadera, donde se asienta la aldea recuperada.

 
Desde ella, desde la aldea, alcanzamos el paisaje románico de piedra, del monasterio que nació incrustado en la pendiente del viejo bosque de castaños, para contemplar como se aquieta el agua del Sil en la Ribeira Sagrada.
Es el antiguo "Mosteiro de Santo Estevo", que conserva en pié su primigenia fachada barroca y tres claustros, dos de estilo románico y uno con algunas partes góticas. Desde el siglo VI y hasta finales del siglo XVII, entre estas paredes habitaba el poder, porque era su Abad quien "ejercía jurisdicción civil y criminal con derecho a poner jueces, escribanos y oficiales de aduana..."
Pero la modernidad escribió aquí otra historia: reconvirtió el edificio en un lujoso lugar de descanso y Santo Estevo de Ribas de Sil es ahora el segundo establecimiento de "Paradores Nacionales", de la provincia de Ourense. Un cuatro estrellas con 74 habitaciones que conjugan en su diseño el modernismo y el interés monumental.
Porque la rehabilitación integral del viejo monasterio benedictino, con un presupuesto de seis millones de euros, ha sido un magnífico ejemplo de aprovechamiento del patrimonio histórico-monumental. Santo Estevo ha vuelto a la vida. En el edén de nuestras vacaciones la calma conquista los pequeños paraísos de nuestro pasado de aldea, por entre la grandiosidad de las montañas y sobre el traje multicolor de los valles fértiles. Entre el cielo y el mar, hay ahora, para descansar, "mil galicias" reconstruidas que descienden del retorno.
Esta es otra historia: Aquel pasado despertó siempre nuestro interés. A través de él, hoy viaja el hombre por los nuevos paraísos rurales, sustentados en la herencia que nos dejaron los protagonistas del éxodo olvidado.
El Turismo Rural ha sido el hecho que vino a corregir la tristura de edificios abandonados por la emigración, magnificando viejas construcciones que fueron patrimonio de una sociedad civil en decadencia.
Hay casi quinientos ejemplos en Galicia que se refieren a muy antiguas casas grandes y pazos, y a viejas casonas de labranza, reconvertidos hoy en pequeños pero suntuosos hoteles, enclavados en parajes tan idílicos, que parecen descender del éxtasis de la montaña bebiendo agua de los mil ríos de Cunqueiro.
Hay otras historias por contar de lugares renacidos junto a la belleza azul del mar, con su transitoria fantasía de luz. Faros reconvertidos en lugares de descanso, allá donde acaba la Tierra o en la Estaca de Bares, donde decían los celtas que comenzaba Irlanda.
Y hay quinientas villas cuyo espacio baña el azul limpio del verano. Bulliciosas o tranquilas. Marineras. Son los lugares para disfrutar del sol del día y del vagabundeo callejero en las horas muertas, pero siempre cerca del mar.
Estos paraísos son algunos de los escenarios de quince años de historia... vividos en Galicia y de vacaciones.


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