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El convento de Herbón.

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El de Herbón es un paisaje encantado, e insertado en él, se encuentra uno de los conventos más famosos de Galicia.

Hay una frontera, para los extranjeros invisible, a partir de la cual el paisaje está tomado por los pimientos de Herbón. Marcan los lindes el terreno, el clima y las técnicas. En la época en la que nuestras cámaras se acercaron son ya guindillas.

 
Estamos hablando de los pimientos de Padrón, realmente de Herbón. Los franciscanos añadieron este referente imprescindible a nuestra gastronomía en el siglo XVI, al traer su cultivo desde Méjico. También este convento de Herbón fue de los primeros lugares de Galicia en cultivar la patata para consumo doméstico. El de Herbón es un convento franciscano de estilo austero y funcional, que, a diferencia de otros que se yerguen majestuosos, este encubre su arquitectura, igualmente majestuosa, entre multitud de árboles en el fondo de un valle. En el exterior están los resistentes y autóctonos carballos, o robles, mudos testigos de la celebración anual de la “Festa do Pemento”. En el interior los árboles son frutales, y a juzgar por el sabor de sus mandarinas, de gran calidad. Precisamente por estar en un valle abunda el agua, que incluso a veces lo inunda. Su origen es del siglo XIV, consta de varios edificios rodeados por una muralla de piedra. La iglesia actual es de mediados del siglo XVIII, y destaca su campanario. El resto del edificio sufrió varias reformas, y aún continúan. Están intactos el claustro, la parte más antigua y alguna zona conventual. Hubo hasta hace 10 años un seminario dentro de esta gran extensión pero la falta de alumnos obligó a su cierre. Como ellos entre sus paredes también estuvo el trovador Xoán Rodríguez de Padrón a causa de un desamor. El poeta que había ingresado en la orden franciscana de Jerusalén se trajo de allí una palmera. El convento desde su fundación pasó por diferentes etapas, desde colegio de misiones, o cárcel a una exclaustración. De los 12 frailes que llegaron a habitar este convento en la actualidad sólo una persona lo cuida, pero recobra la vitalidad perdida en verano con campamentos y clases. Más oculto aún que este convento es el tesoro de la iglesia de Santa María de Herbón, una maravillosa sorpresa. Es complicado acceder a esta construcción de la segunda mitad del siglo XII. Tiene nave de base rectangular y ábside semicilíndrico, con tres ventanas de estilo románico, y muy bien conservadas. La puerta principal requiere mucho tiempo de contemplación, y lo mismo el resto de la estructura.


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