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Un paseo por Padrón

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Pasear por Padrón es como darse una vuelta por el jardín de las delicias.

A orillas del Sar, la Alameda del Espolón nos sirve para acercarnos a una villa interesante y hermosa como pocas.

 
Si nos internamos en su pequeño casco antiguo nos percataremos al instante del porte elegante y distinguido de esta villa nacida al calor de las leyendas xacobeas. El pintoresco rincón de la Porta da Vila, su cruceiro gótico, el antiguo Alfolí de la Sal, el edificio de la casa consistorial con el escudo, o el palacio del obispo de Quito....todo evoca la historia de un Padrón que, según la tradición xacobea, nació cuando llegó a estas tierras el cuerpo del Apóstol Santiago martirizado en Jerusalén. Según la misma tradición, la barca que lo traía atracó en el río Sar y fue amarrada a una piedra o pedrón, que dio nombre a la nueva población. Ahora hay una réplica. El auténtico pedrón, que en realidad era un ara romana, se conserva en su lugar original: bajo el altar de la iglesia parroquial de Santiago construida sobre lo que en otro tiempo fue un muelle que mandó construir el arzobispo Gelmírez a orillas del Sar. Al otro lado del puente nos espera majestuoso el convento del Carmen, pero antes de visitarlo puede ser interesante detenerse a contemplar la hermosa fuente de Santiago para observar con qué celo se realizan las ofrendas a la Virgen de los Dolores a donde se acude para pedir que el parto de las embarazadas sea corto. Desde el atrio del convento disfrutamos de una de excelente panorámica de Padrón. Al volvernos, el neoclásico de la fachada nos proporciona una sensación de equilibrio, armonía y sencillez que continua también en sus pasillos, en su gran escalinata y en su claustro. Las estanterías del convento guardan tesoros impresos hace cientos de años y sus salones se utilizan ahora para reuniones, cursos y conferencias.
Desde el convento del Carmen se sube a la ermita de Santiaguiño del Monte, un lugar muy pintoresco, lleno de recuerdos xacobeos, como una agrupación de rocas donde la devoción popular afirma que predicó el Apóstol Santiago al llegar a Galicia. Siguiendo el tradicional culto a las piedras tan frecuente en Galicia, se asegura que aquí está la cueva donde se escondió de sus perseguidores y los agujeros por los que se ha de pasar “morto ou vivo”. No se puede salir de la villa sin visitar el jardín botánico donde conviven hasta 300 especies exóticas en una sola hectárea. La palmera de Senegal con su espectacular y carismática maraña de brazos proporciona las palmas del Domingo de Ramos. Las ramas del árbol del amor se enredan formando la corona de Cristo y la gran sequoia roja es el techo vegetal de este jardín en donde Rosalía de Castro compuso algunos de sus más sentidos poemas.


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