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Naturaleza viva

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Siguiendo una ruta natural.

Recorrer la ruta de la Gorgoloza no es caminar sin más. Cada sendero nos conduce a un lugar, a una pequeña parroquia con encanto propio.

 
En Damil nos esperan la iglesia, el cruceiro y más de un pazo echando de menos el esplendor de su pasado. En el camino hacia Parada de Ribeira hay que sortear pequeños ríos y detenerse a contemplar con atención las pequeñas maravillas esparcidas por los caminos y convertidas en témpanos que volverán a ser ramas cuando el sol derrita el hielo de los campos. Parada de Ribeira nos sorprende con bellas rarezas. No será el último cruceiro de esta ruta. Por bosques de carballos y castaños llegaremos a Gudes donde es probable que echemos en falta algún esfuerzo que ayude a recuperar su hermoso pazo víctima de las partijas de una herencia y del abandono de sus propietarios. De nuevo senderos, y muy cerca, otro pueblecito. Guntimil es la viva imagen del rural de Xinzo. Por sus veredas seguimos descubriendo los prados y los pequeños regatos, el musgo verde brillante reluciendo sobre las viejas piedras y el maravilloso bosque autóctono alrededor de los montes. Ya falta poco para alcanzar la Gorgoloza pero antes debemos hacer una parada en Mosteiro y recordar el sabio consejo de Castelao cuando decía: “Reparade nos cruceiros, descubriredes moitos tesouros”. Por fin hemos llegado a la Gorgoloza. Fin de la ruta. Ningún otro lugar mejor que esta capilla para detenerse a echar un vistazo sobre el valle justo cuando el sol comienza a despedirse.


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