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En la Vía de la Plata

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Vedra se asienta a la sombra del Pico Sacro que anuncia a los peregrinos la proximidad de Compostela.

Escribía Machado que al andar se hace camino. Un simple vistazo a la historia de Vedra y a su etimología hacen pensar que las palabras del poeta están hechas a medida de este ayuntamiento.

 
Algunos expertos relacionan el topónimo Vedra con la voz vereda que significa camino de tránsito y largo recorrido. Y en efecto son muchos los caminos que pasan por aquí pero el más transitado durante siglos ha sido la Vía de la plata. Se le conoce también como Camino Mozárabe porque sigue la antigua vía romana desde el sur de España hasta Santiago. Todavía se conservan algunos tramos del camino original y si en algún momento dudamos no hay más que echar la vista hacia arriba y buscar la silueta del Pico Sacro, el guardián de las tierras del Ulla y desde hace doce siglos también la referencia del peregrino que repone fuerzas cuando lo divisa comprobando que está en el buen camino. La ruta xacobea atraviesa todo el municipio. Seguirla es un buen modo de conocer Vedra. La tradicional subida al mítico picacho empieza en el lugar de Outeiro, dentro de la parroquia de Vilanova, donde se encuentra la capilla de Santiago, del siglo XVIII, y, detrás de ella, una curiosa fuente barroca trasladada hasta aquí en 1724 desde un lugar más alto. La inscripción cuenta la leyenda del Dragón y la Reina Lupa, arriba bendice Santiago peregrino y a los lados se sitúan las imágenes de Joel y David. Este era un lugar de descanso de los peregrinos que se dirigían al santuario de San Sebastián de Pico Sacro antes de arremeter la subida definitiva.
La iglesia de San Pedro de Sarandón en el tramo desde Trobe a Ponte Ulla es otro punto de referencia en el camino. En su exterior se plasma la rigurosa sencillez de los orígenes cristianos, pero dentro los retablos y la propia imagen de San Pedro descubren el rico patrimonio de la parroquia. También los cruceiros son frecuentes en ruta de peregrinos. El de Vilanova es sólo una muestra de todos los que se encuentran repartidos por los caminos, pazos e iglesias. Otro recibe a los que se acercan a Santa Eulalia de Vedra. No hay nada tan valioso en el conjunto como la belleza y la armonía con que todo ha sido dispuesto. El esbelto templo barroco guarda celosamente en su interior tres retablos magníficos. El retablo mayor, encargado hacia 1761, es obra del compostelano Manuel de Leys. Entre las imágenes llama la atención la titular de la feligresía, Santa Eulalia. El ritmo de la imagen, el tratamiento de la indumentaria, ...todo apunta hacia el arte de José Gambino, un escultor de máxima categoría en la plástica gallega de aquel tiempo. Gambino era un compostelano hijo y nieto de italianos. Su abuelo, probablemente, habría sido un escultor de la escuela florentina. Él se formó al lado de Casas Novoa y del portugués Almeida y acabó tallando algunas de las piezas más prestigiosas de la escultura del siglo XVIII.


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