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Las Tierras del Suído

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El valle del río Tea y la montaña se dan la mano en el municipio de Covelo, comarca de A Paradanta.

Unas 4.000 personas habitan sus 14 entidades de población, en un territorio de 132 kilómetros cuadrados. La proximidad con Vigo, a unos tres cuartos de hora, ha facilitado que muchas personas posean aquí su segunda residencia, de vacaciones o fin de semana.

 
Covelo cuenta con muchos atractivos que merecen más de una visita. Comenzando por el núcleo urbano, encontramos allí el cruceiro del Santo Cristo de los Afligidos, obra del escultor José Cerviño, maestro cantero, datada de 1899. En la parroquia de Barciademera nos sorprende el conjunto abacial de San Martiño. Barciademera estaba en la ruta de transporte entre Vigo y Melón, cabeza del señorío monacal. La casa rectoral data de mediados del siglo XVII. Su llamativa fachada barroca contrasta con la sencillez del resto del edificio. Igualmente solemne se levanta a su lado la iglesia de San Martiño, también barroca. El conjunto resulta de una belleza singular, tanto por su valor artístico y patrimonial, como por su enclave natural. No muy lejos de San Martiño, la ermita de San Xoán do Mosteiro se esconde entre carballos y arropada por el murmullo del muy truchero río Alén. Da la sensación de que por aquí no ha pasado el tiempo. Esa misma impresión es la que nos acompaña en nuestro paseo por Covelo. Es una suerte para sus habitantes y para quienes vengan de visita que el medio natural del municipio se haya conservado de un modo tan privilegiado. En valles y prados de verde intenso se acomodan cultivos agrícolas, en especial viñas, y ganadería. La ternera gallega se cría a la perfección en estos pastos. La frescura de este paisaje se debe a la excelente relación entre estas tierras y sus ríos. El Tea es el más importante de todos ellos, a Maceira acude presuroso pero enseguida aminora su paso y se toma un respiro en la playa fluvial, que, por cierto, este verano estrenará un camping de titularidad municipal. Otra playa fluvial, esta vez en el río Caraño, es la de Barciademera. Pero por dondequiera que vayamos nos salen al paso incontables regatos y cascadas espectaculares. En A Ermida la fervenza (cascada), se ha adornado con un conjunto escultórico que hace que a partir de ahora veamos a nuestra compañera la lluvia con otros ojos, como otro hermoso aliciente del paisaje. El agua también nos lleva a las tierras altas de Covelo. Visitamos ahora A Graña, población de origen judío en la Serra do Suído. Al parecer, muchos sefarditas de Ribadavia buscaron refugio en esta montaña cuando los judíos fueron expulsados de España en la Edad Media. Muchos de sus habitantes partieron en el siglo pasado hacia Sudamérica, y hoy los que han regresado se han instalado en Vigo o Pontevedra pero con vivienda en A Graña. No abandonamos O Suído sin echar un vistazo a los antiguos chozos o cabañas de pastores, la protección necesaria para los hombres y el ganado en esta montaña de lobos y leyendas.
Covelo es un paraíso para el turismo verde. Senderos de tierra y de montaña, aguas refrescantes y oferta de actividades en contacto con la naturaleza. Excelente gastronomía: churrascos y lampreas del río Tea. Y para descansar, tres casas de turismo rural que aprovechan otras tantas joyas patrimoniales. La Rectoral de Fofe, en la parroquia del mismo nombre, es una de ellas. Desde aquí nuestra vista domina el valle del Tea mientras damos la espalda a la ladera de O Suído. El descanso está garantizado en este entorno plácido y tranquilo, donde tienen la habilidad de conseguir que uno sienta la casa como propia. Pero si se quiere hasta se puede dormir en la habitación fortificada que perteneció al cura de Fofe, para ponerse en la piel de otro, sólo que las comodidades y el confort de ahora nada tienen que ver con los de los antiguos habitantes de esta casa, rescatada del olvido y las ruinas para servir de escenario a unos días de vacaciones.


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