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La mar herida

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Estamos de triste aniversario.

Se cumplen cuatro meses del naufragio del Prestige y es tiempo, de nuevo, para hacer balance.

 
De las 503 playas afectadas por el fuel ya hay 72 totalmente recuperadas segn datos oficiales. En el momento de editar este reportaje, los arenales aparentemente limpios suponen el 40%, 213 en total. Esto quiere decir que queda an mucho por hacer, pero nos da motivos de esperanza y algo que celebrar: todo lo que se ha hecho hasta ahora, el fuel que se ha araado de las rocas, la arena y el fondo del mar.
Viajamos al epicentro del desastre. Ponemos a cero el cuentakilmetros para recorrer la Costa da Morte, la herida abierta de nuestro litoral. La arena de A Salseira, en Cain, est limpia, no as sus rocas. Sin embargo, los del pueblo ya se animan a pasear por la playa. En Seiruga, Malpica, las hidrolimpiadoras se afanan en las rocas. Rastreamos la arena en busca de fuel y la sorpresa, para bien, es que no lo hay. Pero el paisaje que nos rodea recuerda muy bien que la estela del Prestige ha pasado por aqu arrasando. Ahora se combate con agua caliente a presin. Es un trabajo que requiere mucha paciencia y sumo cuidado para que el chapapote que se desprende de las rocas no contamine zonas que ya se han limpiado. Desde San Adrin, la vista de Malpica es espectacular, como la postal de las Sisargas, otro bastin de nuestro patrimonio ecolgico envuelto en un sudario. En Punta Roncudo crecen percebes antolgicos. Aqu el mar estalla mil veces contra rocas afiladas como cuchillos, ms feroces si cabe ahora que los envuelve la negra sombra, a la que parece que slo podr vencer la bravura de las olas en esta zona. Los informes tcnicos confan la recuperacin de los acantilados al poder de regeneracin del mar. Tranquilidad en Corme, pero las barreras continan protegiendo el polgono de bateas, porque an llegan galletas de fuel, bien sea por lo que se desprende de los acantilados, bien por los ltimos vertidos del Prestige desde su nicho submarino. Llegamos a otro emblema de la catstrofe. Camelle, la casita y las piedras de Man, el artista ermitao que se muri de pena. Las hidrolimpiadoras se afanan en su Museo del Mar, que sigue recibiendo visitantes. Muxa. Primera parada en la zona cero. Las piedras del Santuario de A Barca han mejorado notablemente. Continan petroleadas, como las farolas del paseo frente a la playa de O Codo. Una vez ms, nos encontramos con arena limpia y rocas ennegrecidas. Operarios con mquinas de limpieza con agua a presin hacen su trabajo. Trabajos que se repiten en el arenal de Lourido, donde hace apenas 15 das encontraron placas de fuel bajo la arena inmaculada. En Nemia lo que hay son pequeas bolas de chapapote diseminadas aqu y all, y voluntarios siguiendo su rastro. Y, por el camino, el de las vctimas ms indefensas: las aves marinas. La buena cara de la playa de Rostro, en Fisterra, es otra sorpresa agradable. El trabajo en la arena ha conseguido devolverle su blancura a los dos kilmetros que mide esta playa fantstica. Pero faltan las rocas. En Arnela, sin embargo, la tranquilidad es aparente. Aqu los militares tambin han encontrado fuel bajo la apacible arena. Hace menos de un mes, O Ximprn, en Carnota, estaba en estado de sitio. Era como el Salvaje Oeste, slo que con una capa de fuel que lleg a medir ms de un metro. Ahora slo queda un rosario de bolitas de chapapote que hay que recoger con paciencia. La misma herramienta de trabajo que hay que llevarse a la roca para araar el veneno.
Fin de la zona cero. Pero seguimos recorriendo la costa. Desde Monte Louro, en Muros, hasta Baiona, las playas salpicadas por el fuel estn total o parcialmente recuperadas. Las autoridades dicen que para el verano las zonas tursticas de las Ras Baixas estarn como siempre, dado que el fuel no consigui internarse en ellas. Tan slo hay que lamentar el estado de los acantilados de Viladesuso, en Oia, entre Baiona y A Guarda. Al norte, la costa entre A Corua y Os Aguillns, a excepcin de acantilados en la punta de Cedeira, est prcticamente limpia. Idntica situacin es la del Cantbrico gallego, donde apenas se han detectado pequeos impactos muy localizados. Es lo que se ha mantenido prcticamente intacto. Y mientras esperamos la solucin definitiva del problema y el fin de la amenaza, es un gran alivio comprobar sobre el terreno como, poco a poco, vamos recuperando nuestra costa con la ayuda infinita de todos.


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