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Por las riberas del Miño

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El Miño excava en Chantada uno de los cañones más bellos de Galicia.

Navegamos río abajo desde el pueblo ribereño de Belesar. Esta es la ruta fluvial que conduce a Os Peares, el lugar donde el padre Miño se encuentra con el Sil.

 
No llegaremos tan lejos. Recorreremos con calma y sabiduría un tramo de la ribera del Miño que navega entre dos ayuntamientos. Todos los pueblos de la margen izquierda pertenecen a O Saviñao (Besán). A nuestra derecha Chantada y por todas partes socalcos de viñedos. En la Ribeira Sacra el hombre ha emprendido una lucha con la geografía. Estas tierras de orografía adversa le han obligado a construir bancales en pendientes inimaginables para poder cuidar con esmero el vino de la Ribeira Sacra lucense, dorado al sol y bañado por las aguas mágicas de este río misterioso. El paisaje que nos brindan estas tierras de la Ribeira Sacra es grandioso. Las acacias se despiden de la flor amarilla de las mimosas y asoman todavía los ocres del invierno en los bosques de caducifolias. Pero falta muy poco para que el estallido de la primavera lo cubra todo de color. En la orilla de Chantada van apareciendo pueblecitos. Primero Pincelo. Más tarde A Veiga, un lugar de la parroquia de Nogueira que volverá a aparecer al otro lado de la montaña. En este tramo el río da una vuelta enorme que los de Nogueira llaman el cabo del mundo. En la margen izquierda asoman los viñedos de Esperón. Sus vinos llegaron a ser tan famosos como los de Amandi y se dice que se llevaba en ánforas desde aquí hasta Roma. Pero hoy, uno de los vinos más famoso de O Saviñao sale de A Cova, una parroquia que se asoma al Miño con su propia playa fluvial. Dos nuevos pueblos se asoman en la parte de Chantada. Primero Cartemil y después Souto con esos enormes bolos de granito que parecen vestigios neolíticos. Los dos pertenecen a Nogueira que vuelve a aparecer con la torre de su iglesia románica asomando en lo alto. Estamos a punto de terminar el trayecto y emprender el camino de regreso justo en el límite del ayuntamiento de Ferreira de Pantón. Damos la vuelta alrededor de esta pequeña isla que en verano, cuando el río lleva menos agua es lugar de comidas campestres y meriendas tranquilas. De vuelta, los mismos paisajes, los mismos pueblos, pero otra luz, la del atardecer cayendo suavemente sobre las laderas que a su vez se reflejan infinitamente sobre las aguas del Miño.


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