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La Belleza del Agua

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Aquí, en Portomarín, el paisaje principal es de agua. De regato pequeño que busca el río grande, aún en época de poca lluvia.

Hay un Miño de agua escasa en el invierno seco y otro que la recibe de un ciento de regatos, cuando va en busca de la Ribeira Sagrada, desde Portomarín. Porque el gran río es el creador de este paisaje de agua, espejo de las riberas verdes y de impresionantes cañones.

 
Hay dos caras que siguen el curso del río. Las dos orillas de este mar interior. El embalse de Belesar, que también es río Miño.
Se puede conocer en Catamarán o siguiendo las carreteras que lo bordean.
Paisajes que impresionan de un río que los habitantes dicen no ser de verdad. Insisten en que los ríos lo son, si están en estado natural. El agua embalsada no deja ver la grandiosidad del Miño para ellos.
En el tramo próximo a Portomarín el Miño es testigo del resurgir del pasado cuando apenas llueve, pero también puede ser un mar interior, pudiendo incluso practicar deportes náuticos.
Si nos fijamos en los ríos que desembocan aquí, el Ferreira es el que más agua da a nuestro Miño. Con rutas de senderismo que nos permiten caminar por sus orillas, hoy en día la unión de ambos ríos sólo se contemplan desde un alto.
Y si seguimos la comarcal que va desde Portomarín a Chantada podremos disfrutar de un amplio número de miradores que siguen al Gran Río.
Nos asombrarán sus paisajes si seguimos esta vieja ruta de arrieros.
Podremos aquí contemplar los cañones creados por el agua embalsada de Belesar. Y a veces, como ocurre con el viejo Portomarín, reaparecen las huellas de otros pueblos sumergidos, como es el caso de Ferreiroá. Hoy en día se puede distinguir perfectamente la estructura de esta aldea. Es por aquí por donde pasa uno de los numerosos riachuelos que ceden su agua al Miño.
Si seguimos la carretera llegaremos a Seixón, otro pueblo fantasma, lleno de historias que quedaron en el pasado por la crecida del agua.
Son muchas las aldeas que quedaron sumergidas. Y es que está claro que nada fue imprescindible. El tiempo no perdona, y el agua, como pueden ver, tampoco.
Las sombras juegan con las suaves ondulaciones, con el agua, quieren bañarse en el embalse.
Creíamos que esta amplitud, esta inmensidad sólo la inspiraba el mar salado, y en muchas zonas nuestros ojos no son suficientes para abarcar todo lo que se extiende ante nosotros, porque este es el mayor embalse del río Miño.
En 1962 fue capaz de inundar todo el valle. Sólo la cola del embalse mide 40 Km. y aunque esta parte es la más fea, la belleza que crea por toda la Ribeira Sacra nos hechiza.


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