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El río Arnoia

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Recorrido por el Arnoia desde el coto de Os Medos

Después de descubrirlo en su nacimiento, ahora seguiremos el curso del río Arnoia, a partir del puente de Calvelo, romano en su origen y restaurado en fechas recientes.

 
Aquí el agua es un espejo, un remanso de tranquilidad que se llena en verano de gente dispuesta a refrescarse en sus orillas. El entorno de otro puente, el de Vide, se transforma igualmente en época estival. Las aguas del Arnoia van creando nuevos paisajes, todos con el denominador común de espacios hermosos cuya mera contemplación es de por sí un sedante. Estamos en pleno coto de Os Medos. Lo conocen bien los muchos pescadores que a él acuden en temporada para cosechar sus sabrosos tesoros o para dar rienda suelta a una de las aficiones que cuenta con más adeptos en Galicia. Para los profanos en materia de pesca, el Arnoia es un solaz. No en vano su cuenca imprime carácter a toda una comarca y las tierras que va regando a su paso. Los paisajes del Arnoia han sido y son, la materia prima de escritores como Xosé Luis Méndez Ferrín. La genial personalidad literaria de Ferrín ha buscado, en su peculiar estilo, la inspiración o la recreación en estas aguas, las de mayor recorrido de la provincia de Ourense. Y si dicen que el Arnoia se embelesa en los territorios que atraviesa, los que seguimos su recorrido nos prendamos irremediablemente de él. Sólo tenemos que dejarnos llevar y el río nos guiará hasta Baños de Molgas. El Parque da Ansuíña, a los pies del Balneario, es la prueba de la estrecha ligazón entre pueblo y río, entre el Arnoia y sus ribereños habitantes. El Parque, en el que se integra el hermoso puente de origen romano, es uno de los símbolos de Baños de Molgas. Los paseos apacibles de esta primavera están aquí asegurados. Pero vamos más lejos, hasta el puente de As Cepas. No es fácil alcanzar el viaducto del ferrocarril, pero merece la pena la vista, impresionante, del cañón del Arnoia. Hasta los que tienen vértigo se animan a asomarse para no perderse este espectáculo natural. Dejamos las alturas porque río abajo queremos descubrir el “Muíño da Ponte da Pedra”, inmerso en otro paisaje muy distinto, pero con otro poder de seducción. En la playa fluvial de Acea despedimos, de momento, a un Arnoia que ya ha dejado, en este punto, de ser hijo de la montaña. Pero aún nos quedan por descubrir otros increíbles espacios.


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