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Huellas del pasado

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Las salas del museo Terra de Melide son un recorrido vivo por la historia de este lugar repleto de episodios interesantes.

Lo que en otra época fueron quehaceres cotidianos, se han convertido hoy en piezas que comparten museo con los hallazgos arqueológicos que en 1933 despertaron el interés del Seminario de Estudos Galegos en el que participaron grandes figuras de la cultura gallega de entonces como Otero Pedrayo, Risco, Cuevillas o Antón Fraguas.

 
Ellos fueron probablemente los primeros en seguir las huellas del pasado para descubrir como nosotros hoy la importancia que ha tenido este territorio a lo largo de la Historia, y no sólo por estar al pie del camino. Precisamente el edificio que acoge estas salas es nuestra primera parada. Se trata del convento del Sancti Espíritus fundado por los Terciarios franciscanos en 1372 y del que hoy tan solo se conserva en pie la hermosa iglesia parroquial de San Pedro. Los franciscanos establecieron aquí la principal sede de la orden en Galicia y eso supuso una época de prosperidad y máximo esplendor para la villa que habían fundado los romanos varios siglos atrás. Más adelante, Melide se vería envuelta en un ambiente de continuas luchas entre señores feudales, y en el 1467, los “Irmandiños” se reunirían aquí para organizar su primera batalla. Derribaron las murallas de la villa y la fortaleza de O Castelo. Una vez sofocada la revuelta, los Reyes Católicos prohibieron la reconstrucción del castillo y las piedras se utilizaron para terminar la construcción del convento del Sancti Espíritus. En la misma plaza del convento está la capilla barroca de la Obra Pía de San Antonio. El edificio alberga ahora la Casa Consistorial pero mantiene en su interior toda la riqueza artística original.
Sin abandonar el casco histórico de Melide, conoceremos todavía algunas joyas de la arquitectura religiosa al margen de las que jalonan el camino. Una de ellas es la capilla de San Roque con su bella portada románica, y cerca de ella, el cruceiro de Melide que según cuentan debe ser el más antiguo de Galicia. Representa en una cara a Cristo Majestad sedente, mostrando las llagas de sus manos y en la otra cara, el Calvario de Jesucristo, la Virgen y San Juan.
En Melide se reunieron en 1520 los estamentos nobiliarios y eclesiásticos más importantes de Galicia para acordar unirse a Carlos I y ayudarle en su lucha contra los comuneros. Algunos de aquellos nobles tenían morada permanente en esta tierra y todavía quedan en pie algunos de aquellos pazos. Ya en el siglo XVIII, los artesanos transformaron a Melide en una villa industrial. Los del cuero eran muy importantes. Hábiles con la cuchilla y también con la aguja, los de Melide solían encontrar entre los peregrinos buenos clientes. Hoy estos pares de botas encuentran compradores entre la nostalgia y el gusto por lo bien hecho, dentro de un oficio tan a punto de extinguirse que ya figura como pieza de museo. Como les habíamos dicho al comienzo, en Melide, todo empieza y termina en estas salas porque la historia palpable de un lugar se compone de las cosas que van dejando hechas los que llegan antes.


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