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Pontevedra, ciudad para disfrutar

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La ciudad y el río forman un todo.

Pontevedra es la ciudad del Lérez, ya en su último tramo antes de hacerse ría frente al Atlántico, y al río debe la ciudad su nombre, mejor dicho, a uno de los puentes que lo salvan.

 
El más antiguo es el del Burgo, de origen romano pero reconstruido en la Edad Media. Forma parte del Camino Portugués a Compostela, como recuerdan las conchas de vieira que lo decoran. El perfil de la ciudad cambia, y con ella se modifican también las márgenes del río. El viejo puerto de A Moureira, del que en el siglo XVI partían mercancías para países de todo el mundo conocido, apenas está rodeado de las casitas de los marineros. En su lugar se levantan complejos residenciales de calidad y es una de las zonas más cotizadas. Con la recuperación de las riberas del Lérez, Pontevedra redescubre nuevos espacios. No sólo en cuanto a habitabilidad, sino también por lo que respecta a posibilidades de ocio y de esparcimiento. Posibilidades ya conocidas por los piragüistas que entrenan para participar en el Trofeo Internacional Príncipe de Asturias, que se desarrolla cada año en aguas de la ría de Pontevedra. Orillamar es el paseo diario de muchos pontevedreses. A ambos lados del río la ciudad ha ganado un mirador, un balcón sobre sí misma que le devuelve la imagen que más gusta. Es un respiro, un desahogo, lo que llamamos calidad de vida. Frente al puerto deportivo, se abre el nuevo Parque da Xunqueira, en el río Alba. Al afluente del Lérez lo han sacado del anonimato incluso para los urbanitas, que ahora pueden caminar y hacer deporte en sus senderos. Río arriba nos fijamos en la nueva plaza de abastos, reformada por el arquitecto César Portela. Más adelante, pero en la otra orilla, están los emblemas de la modernidad de Pontevedra. El campus universitario, el Recinto Ferial y el Pazo da Cultura comparten espacio. El Recinto Ferial acoge prestigiosos encuentros profesionales y sectoriales, y el Pazo da Cultura ha supuesto ese gran espacio para la cultura que la ciudad demandaba. Y no sólo eso, su diseño ya es un símbolo de Pontevedra. Un símbolo tan reconocido como es la Illa das Esculturas, un parque cuyo mobiliario urbano lleva la firma de Jenny Holzer o de Francisco Leiro, donde hay laberintos y el arte juega a engañar nuestros sentidos. Un nuevo jardín de los artistas, agreste pero apacible. Más puentes, pasos peatonales y pasarelas para saltar las pequeñas islas que pueblan el río en este tramo. Avanzamos para tener una cita con la nostalgia en el entorno de Pontillón do Castro, donde se ubicaba el antiguo balneario. Pero finalizamos nuestro paseo en el Monasterio benedictino de San Salvador de Lérez, del siglo XVI, pero cuyos orígenes se remontan a los siglos IX y X. Destaca la fachada barroca de su iglesia y sus torres que se elevan con solemnidad. Conserva parte del claustro, que ha quedado a la vista provocando un curioso efecto. Y cómo no, tiene romería y de las más sonadas, la de San Benitiño, “o máis milagreiro”, se celebra el 11 de julio. Desde el entorno del monasterio se domina el curso del río Lérez que nos ha servido como excusa para disfrutar de este paseo.


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