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Aldeas Condenadas a la Soledad

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Aunque todavía el territorio rural gallego supera en población al del resto del estado, las aldeas del interior de Lugo y Orense se quedan solas.

La saturación de las ciudades, la escasa calidad de vida, los precios de la vivienda, la inseguridad, todos los factores suman a la hora de buscar espacios más allá de los límites urbanos. La periferia rural está creciendo, pero siempre que esté cerca de la ciudad y que no nos limiten mucho las comodidades.

 
Es lo que llaman la población difusa, que hace crecer la periferia rural de las ciudades gallegas en detrimento de la vieja aldea.
Esta idea de aldea tradicional está actualmente en desuso. De hecho, en Galicia, de los 65 los ayuntamientos que tenían menos de 2000 habitantes en 1996, se ha pasado a 87 en 2006.
El rural gallego se queda vacío. Hay unos 800 núcleos de menos de 10 edificaciones que están abandonados.
Pero existen varias iniciativas que pretenden frenar este proceso, hasta ahora imparable.
El entusiasmo de muchos jóvenes cansados de la vida de la ciudad, los ha llevado a materializar una idea que la mayoría teníamos como utópica. Son las llamadas aldeas hippies, como es el caso de A Lama, a 30 kilómetros de Pontevedra. Aquí se han habitado ya 14 casas que estaban abandonadas y ya hay otras en proceso de restauración. Con una filosofía de vida sana y natural, los nuevos lugareños han apostado por recuperar y devolver la vida a este núcleo olvidado en vez de entrar en el juego de la construcción descontrolada. Una forma de recuperar el terreno que sin duda provoca una sonrisa.
Pero no todas las aldeas tienen la misma suerte. El abandono de las actividades relacionadas con el campo, la agricultura y la ganadería y la falta de perspectivas de futuro, hace que la población más joven abandone al campo en beneficio de los núcleos urbanos.
Así nos encontramos paisajes desoladores como estos. Y otros esperanzadores, como es el caso de Ponte Hermida. Una aldea del concello de A Merca, en Ourense, que perdió a su último habitante, la tía Josefa, en 1974, hace ya 34 años. Son unas diez casas actualmente semiderruidas que buscan comprador. Los dueños y antiguos habitantes no quieren que su aldea se pierda en el olvido y la han puesto en venta, "para verla otra vez con vida". Así esperan que una iniciativa turística la recupere, y poder ver la aldea habitada antes de morir.
Gracias también al empuje de los vecinos y a la ayuda de los planes europeos y de la Xunta de Galicia, tenemos hoy ejemplos reales de aldeas que han vuelto a la vida.
Las duras condiciones de vida de O Courel no han sido freno para que los vecinos y propietarios de aldeas como A Seara o Seceda aprovechasen la oportunidad que se les deba para reanimar la zona.
Con los fondos del Leader Plus, en Seceda se rehabilitaron más de la mitad de las casas, y gracias a su buen aspecto ya hay varios urbanitas con intención de comprar vivienda para rehabilitar.
En A Seara el turismo ha dinamizado la vida del pueblo, luchando así contra el abandono y desertización del rural gallego.
Aunque son las aldeas más cercanas a las ciudades las que están mejor situadas en esta carrera por absorber población.
A 22 kilómetros de Santiago el ayuntamiento de Dodro ha presentado a la consellería de Vivenda un plan de rehabilitación de las casas abandonadas para incluirlas en la bolsa de alquiler para menores de 35 años. Buscan frenar el flujo de vecinos siempre hacia la ciudad e invertir el sentido, como ocurrió en ayuntamientos como el de Ames o Teo, en las proximidades de Santiago.
El abandono de la ciudad en busca, sobre todo, de precios más baratos de la vivienda, y mayor calidad de vida, ha movido a una parte de la población, en su mayoría profesionales o familias jóvenes con hijos pequeños, al extrarradio como es el caso de Bertamiráns, que casi ha duplicado la población en la última década.
La despoblación afecta sobre todo al interior de la Galicia, las provincias de Lugo y Ourense son las más afectadas por este movimiento que muchas veces es en dirección a la costa. El eje Ferrol-Tui aglutina el 75% de la población gallega. De hecho en 2006 la provincia de Pontevedra tan sólo tenía 2 municipios con menos de 2000 habitantes, frente a los 20 de Lugo o los 56 de Ourense.
Desde la Xunta de Galicia se trabaja para cambiar el sentido de estas migraciones, fomentando la recuperación y rehabilitando núcleos que son ya las aldeas del siglo XXI.
La tendencia clásica lucha por invertir el proceso, la contraurbanización, gente joven y familias que se mudan a zonas rurales y semiurbanas para conjugar calidad de vida al justo precio, pero sobre todo el objetivo es la puesta en valor de nuestro rural, del campo gallego.


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