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Para vivir Lugo.

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Pisamos Lugo buscando la mezcla del ayer y del hoy.

La ciudad amurallada sabe conservar sus viejas costumbres sociales, creciendo al mismo ritmo que aumenta la calidad de vida.

 
El sabor latino de algunos locales es un síntoma inequívoco del imperioso deseo que tiene Lugo por proyectarse al mundo y explorar nuevas posibilidades, mezclando con gracia lo nuevo y lo viejo, cogiendo un poquito de aquí y otro de allá y agitándolo todo para conseguir un combinado muy atractivo. La ciudad ha sabido absorber toda la riqueza que pueden aportarle otras culturas pero sin renunciar a sus propias tradiciones; por ejemplo la de leer el periódico en los viejos cafés o jugar la partida en el Círculo de las Artes. Otra de las sanas costumbres de esta ciudad es la de comer bien en cualquiera de sus restaurantes. Este ha sido galardonado hace solo dos meses con el premio gastronómico de Galicia a la dedicación de toda una vida, la de María del Carmen Sar esmerada en ofrecer a sus clientes las mejores recetas de nuestra cocina tradicional. Les recomendamos la empanada de vieiras o zamburiñas y el pan artesano que se cuece en el horno de la casa. Pero antes de comer, la tradición lucense manda tapear. Tradición obliga, lo mismo antes de comer que por la tarde o por la noche. Los bares de la zona vieja han dado paso a las taperías de la Aceña de Olga, una zona de la ciudad que ha crecido de una manera prodigiosa en muy poco tiempo.
Lugo se extiende hacia el sureste por afinidad con el campus. Las nuevas viviendas alojan no solo a las hordas universitarias sino también a todos los que han comprado piso en Lugo durante los últimos seis o siete años. Aquí encuentran un poco más de tranquilidad y muchas zonas verdes. En medio de las urbanizaciones se ha mantenido intacta la carballeira de Fingoi, una prueba más de que la ciudad respeta su pasado aunque a su alrededor no impide que se construya futuro. En el centro, el Lugo monumental convive con ese otro Lugo más moderno que ha ido creciendo extramuros. Como escribió José Trapero Pardo, el viejo Lugo no ha podido impedir que saltando el adarbe se extendiera una nueva ciudad. Esa ciudad aumenta y mejora sus servicios con nuevos edificios que dan soluciones a los ciudadanos. Las zonas verdes son otro indicativo de la calidad de vida. El parque Rosalía es el pulmón del centro urbano. Un oasis en medio de la ciudad que da un respiro al ajetreo diario de los lucenses. Al lado del río los nuevos paseos son un incentivo para que muchos salgan a recorrer las riberas del Miño. Para otros este entorno está asociado a palabras como entrenamiento, metas o disciplina. Lugo vive el deporte con la pasión de la juventud. Oriundos o desplazados, los jóvenes de Lugo aportan a la urbe sus inquietudes culturales y sobre todo sus ganas de diversión. Ellos son los primeros responsables de esa mezcla de sabores que tiene la ciudad. Cada noche es el comienzo de una larga canción que se baila igual a ritmo de mojito que de rock and rol. Lo importante es celebrar con alegría cualquier cosa y tomarle el pulso a esta ciudad, encantadora igual de día que de noche y con una de las virtudes más valoradas en cualquier ámbito, unas medidas ideales: ni demasiado grande para agobiarnos ni demasiado pequeña para aburrirnos, justo en punto ideal para vivir.


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