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Ecoaldeas: vuelta a la vida.

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La emigración castigó a esta tierra hasta mediados del siglo XX y fue la causa principal del despoblamiento del rural gallego.

Pequeños pueblos, algunos ricos en otra época, lloran aún ausencias y piden a gritos su vuelta a la vida.

 
Seceda es una de esas preciosas aldeas de montaña en donde a muchos nos gustaría vivir. Suspendida en las faldas de Folgoso do Courel, este pueblo medieval ha sobrevivido a desgracias, pestes e incluso a la mayor lacra del país, la emigración de los más jóvenes a América, Europa o simplemente a las capitales en busca de trabajo y de una vida más cómoda. Por suerte la aldea nunca llegó a despoblarse totalmente. A los 20 vecinos que todavía viven en Seceda no les lastima la vida espartana que se lleva aquí arriba. La han soportado durante siglos, aferrados a esa sabiduría popular defensora de la vida sana y tranquila. Hoy, después de verse atrapados en las fauces del stress y de vivir durante décadas las amargas insatisfacciones de la ciudad, a muchos les gustaría no haber salido nunca del pueblo. No se puede cambiar el pasado pero quizás sí el futuro. Con la ayuda imprescindible de los fondos europeos, la Xunta de Galicia pretende vacunar contra la despoblación a estos pueblos en vías de abandono. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, entre el 96 y el 2001 un total de 434 pueblos se quedaron sin población en toda España, de ellos, 261 se encontraban en Galicia y la mitad de las aldeas gallegas abandonadas estaban en la geografía lucense. Estas cifras, aparentemente frías y asépticas, quieren decir que en ese quinquenio, uno de cada cuatro núcleos despoblados en España se encontraba en la provincia de Lugo. Quizás por eso Seceda fue una de las aldeas pioneras. Con los dineros europeos se rehabilitaron 42 casas de las casi 70 que tiene Seceda. 558 mil euros, es decir, unos 92 millones de pesetas, fueron suficientes para reparar cubiertas, fachadas y carpinterías exteriores con materiales autóctonos como la madera de castaño o la losa de pizarra. La recuperación tuvo tanto éxito que muchos vecinos comenzaron la rehabilitación por su cuenta. todavía falta mucho por hacer y por suerte Europa tiene previsto mandar más dinero. Las noticias del LEADER PLUS se han extendido como la pólvora y los urbanitas comienzan a aterrizar en el pueblo con la intención de comprar casa para rehabilitar. Desde que empezó la recuperación, el metro cuadrado se ha revalorizado en más de un cien por cien, pero toda especulación puede ser bienvenida si sirve para devolverle la vida a Seceda.
El invierno pasado visitamos la aldea recuperada de A Seara y comprobamos que ya están empezando a vivir del turismo. Cada fin de semana llegan dos o tres autobuses de gente que se hospeda en el albergue que han construido. Otros, con más suerte han comprado casas por 3.000 euros para pasar los fines de semana y poco a poco este pueblo del ayuntamiento de Quiroga va recuperando, al menos su aspecto. Lo que ya no podrá recuperarse son las herrerías, los sequeiros de castañas, los ganados de 100 cabezas pastando por los prados, los artesanos que hacían zuecas y cestos...aunque si se plantea bien cualquier iniciativa es posible. Vicente Ledo y su familia son un buen ejemplo de cómo se puede regresar al campo, rehabilitar una aldea entera para turismo rural y además fomentar la recuperación de los oficios artesanos. La inversión fue de 240 mil euros. La Fundación Comarcal aportó el 43%, y el resto corrió a cargo de Vicente, que ya ha rehabilitado varios edificios de apartamentos, un local de hospedaje, un restaurante y un obradoiro artesano donde restauran y reproducen muebles antiguos. Además de producir artesanía, la aldea organiza paquetes de viaje que incluyen alojamiento, estancia y cursos para aprender oficios tradicionales. En su momento la iniciativa de Vicente rompió moldes. Hoy es un ejemplo que debemos seguir si queremos ponerle remedio a la desertización del rural gallego y a una despoblación que todavía no ha tocado fondo. Según los expertos, la dinámica regresiva en el interior gallego continuará, como poco, hasta el 2010. Esperemos que para entonces empiecen a dar su fruto los planes de recuperación


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