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La Atenas de Galicia

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Ourense, el viejo Ourense, tiene escrita en sus piedras mucha historia y en su memoria mucha letra impresa.

Fueron los viejos periódicos los que abrieron este siglo. Muchos nombres que hoy forman parte de ese Ourense perdido pero no olvidado. Cabeceras de diarios que llevaron firmas de personajes de la literatura gallega como Vicente Risco, uno de tantos que puso su nombre a artículos de opinión o a columnas incluidas en el diario La Región.

 
Era un Ourense en el que la vida cotidiana estaba impregnada de cultura. BenChoSei, Blanco Amor, Cuevillas, Otero Pedraio, Xocas, ayudaron con su literatura a conformar una pequeña Atenas, un Ourense cultural lleno de tertulias en sus cafés y actividades lúdico-culturales alrededor de la fuente del Liceo. La palabra reinaba en las mesas de mármol y madera. El Voltaire y el amigo Tucho reunieron a los artistas ourensanos en torno al vino, el licor café y las tertulias más sabrosas sustituyendo a los viejos cafés Parque y Miño. Era el lugar de los artistiñas. Así los bautizó Risco al mismo tiempo que le ponía texto al Ourense perdurable de Conde Corbal y lideraba los anhelos de todos aquellos poetas, escultores, escritores y pintores del rincón de la bohemia: Failde, Prego, Virxilio, Pepe Suárez...y más tarde Quesada, Acisclo y Buciños. Entonces la vida cultural era algo espontáneo y bien distinto a esta cultura de hoy, que entendemos como algo dirigido, orientado y necesariamente patrocinado por las instituciones políticas o por los grandes grupos empresariales. Ellos son los grandes mecenas del arte de nuestro siglo. Dejamos en sus manos el planteamiento de nuevas iniciativas culturales como el Centro Cultural Simeón, recuperado por la Diputación Provincial y convertido desde su apertura en uno de los emblemas de modernidad en la ciudad. El Foro de la Región utiliza estas instalaciones para organizar sus actividades. Pero hay una parte de la vida cultural de la ciudad que continúa desarrollándose como antaño en el Liceo, una institución con más de 150 años de historia, que sigue invitando a sus salones a los grandes de todos los tiempos. Entre las visitas más recientes, premios nobel como Saramago o gallegos de los grandes como Rivas o Ferrín. También el Ateneo Ourensano ha estado en la vanguardia cultural de la ciudad y aun pervive en el tiempo como catalizador de culturas propias e importadas.
El Ourense de hoy tiene sus propios personajes. Alexandro y Vidal Souto transgreden método y fronteras mientras Xosé Carlos Caneiro se consagra como uno de los valores más firmes de la literatura ourensana. El Festival de Cine se consolida entre los mejores certámenes españoles y afortunadamente aun hay escuelas de arte como la Antonio Failde, donde las inquietudes culturales encuentran en cada habitación un instrumento de trabajo, un modo de expresión, un exorcismo que expulsa de cada mente nuevas formas culturales y que otorga a cualquier idea el derecho a convertirse en arte, tendencia, irreverencia o nostalgia. Lugares necesarios donde se plantean preguntas que probablemente no pueden resolverse aquí dentro. Los artistas como los intelectuales tienen que buscar respuestas en el mundo real. Las facultades del campus ourensano no son más que el primer peldaño de una larga carrera de obstáculos. Aquí dentro se reparten manuales para franquearlos, pero fuera se necesita una gran vocación, grandes dosis de talento y mucha dedicación para atravesar con éxito todas las puertas del mundo profesional. En el Conservatorio de Música saben muy bien lo que es eso. Hay que trabajar cada día para corregir pequeños errores. No se trata sólo de afinar y tocar correctamente. Hay que ponerle el alma y eso no está en las partituras. Se lleva dentro y forma parte del genio que recorre las calles de esta ciudad soñadora e inesperada, perdurable por fuera pero mutante de espíritu, hirviente de inquietudes que no la han abandonado con el paso de los años y que lo mismo le nacen que le llegan de fuera como estos músicos rusos que han encontrado en la Calle del Paseo uno de sus mejores escenarios.


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