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Homenaje a un poeta.

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Cada año el 17 de mayo, Galicia rinde homenaje a sus escritores y poetas con el Día das Letras Galegas.

Las batallas importantes se libran casi siempre con la pluma, un arma limpia y certera que no causa heridas mortales y que convence a los hombres con la fuerza de la palabra.

 
En esta lucha, lo importante era, sobre todo, que la palabra estuviese escrita en nuestra lengua, un tesoro muy valioso que afortunadamente hemos podido recuperar a tiempo. El camino lo abrieron hombres y mujeres ilustrados que pasaron por vanguardistas en su tiempo cuando en realidad solo trataban de recuperar un idioma que había gozado de gran prestigio y esplendor muchos siglos antes y que todavía pervivía en boca del pueblo. Pero era necesario ponerlo sobre el papel y hacerlo sin complejos, orgullosos de esta tierra, orgullosos de sus hijos, nosotros mismos, y orgullosos siempre de su lengua materna, “o galego”. A todos los que, de una u otra manera, han trabajado en esta causa se les rinde homenaje cada 17 de mayo, el Día das Letras Galegas, una fecha propuesta por el miembro de la Real Academia da Lingua, Francisco Fernández del Riego, por ser la que figuraba en la dedicatoria que hizo nuestra emblemática Rosalía de Castro a la escritora Fernán Caballero en su libro Cantares Gallegos. Precisamente a Rosalía se le dedicó este día por primera vez en el año 1963, y así, sin saberlo ella, abrió por segunda vez un nuevo Rexurdimento para nuestra lengua. Después de Rosalía vinieron Castelao, Pondal, Curros Enríquez, Vicente Risco, Lamas Carvajal y una larga lista de protagonistas de nuestras letras elegidos por la Academia cumpliendo siempre dos requisitos imprescindibles: tener obra escrita en gallego y llevar muertos al menos 10 años. La conmemoración de esta fecha ha ido creciendo edición tras edición hasta convertirse en un día festivo llenos de actos culturales que ya no solo se celebran el 17 de mayo, sino que se suceden a lo largo de todo el año. Es una pena que por ser festivo las librerías permanezcan cerradas pero también es cierto que nuestro amor por la lengua debe ser leal y firme a o largo de los otros 364 días del año, mucho tiempo para revisar nuestra literatura y desenterrar a grandes hombres como el que este año protagoniza nuestra fiesta de las letras. Justo cuando se cumplen diez años de su muerte, Antón Avilés de Taramancos reaparece en escena para volver a sorprendernos con su vida de novela y sus aventuras amazónicas pero, sobre todo, para desvelarnos su interesante creación poética. Al principio inocente, guiada solo por la necesidad de expresarse, haciéndolo en gallego por puro desconocimiento del castellano, como el mismo solía contar. Luego, a su regreso de América, tras de la barra de la taberna que regentaba en Noia, fue autor de una poesía más consciente que caminaba en paralelo con su militancia en el nacionalismo cultural y político de izquierdas. Poeta de verso férreo y cristalino, épico y elegíaco, Avilés de Taramancos construyó una poesía poderosísima, grandiosa y coral. El amor, la ira nacionalista, la nostalgia imposible del hombre de dos mundos, fluyen con una fuerza arrebatadora en los poemas de un hombre rabiosamente vital que amó sin mesura la vida, la patria, la libertad y hasta la materia


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