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Literatura gallega, el presente.

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Nuevos autores, nuevas propuestas.

Año 1.975. En España muere Franco y comienza una lenta recuperación democrática. En Galicia, la nueva situación política se traduce en el despegue definitivo de la literatura gallega, como aglutinadora de casi todas las reivindicaciones sociales y culturales de aquella época.

 
Se crea la Asociación de Escritores en Lingua Galega de la que por cierto fue presidente el homenajeado de esta edición das Letras Galegas, Avilés de Taramancos. Aparece también el Pen Club y en la universidad se implantan estudios de filología gallego-portuguesa al mismo tiempo que en la enseñanza primaria se introducen las disciplinas de lengua y literatura gallegas. La industria editorial se afianza y protagoniza esta etapa hasta tal punto que si suprimiéramos de la historia de Galicia a estas editoriales, no podríamos entender absolutamente nada de lo que ocurrió en la cultura gallega de ese momento. Los escritores no hubiesen encontrado un cauce editorial para publicar sus obras. Obras renovadoras y necesarias. Soplos de aire fresco para la narrativa gallega, la expresión lírica, las propuestas teatrales e incluso el ensayo... unidos todos por un rasgo común que es la pluralidad de discursos, de géneros, de registros y de enfoques. En la frontera de los setenta y ochenta, los poemarios de Ferrín, Celso Emilio Ferreiro, Arcadio López Casanova o del mismo Cunqueiro, se suelen señalar como los que marcarán un cambio de rumbo en la lírica que eclosionó con los llamados “Poetas dos Oitenta”. Ya en los noventa, tanto en la lírica como en la narrativa y en la dramática resulta inexcusable la presencia de nuevas voces conviviendo con las anteriores, voces que revisan y amplían temáticas, que investigan nuevos caminos experimentales y procuran una mayor proximidad con el lector. El despegue de la literatura infantil y juvenil que por fin dejan de ser invisibles también es un hecho significativo. De hecho, ahora mismo, este es uno de los apartados con más éxito editorial, ayudado en buena parte por las lecturas recomendadas en la escuela. El mismo motivo, en edades más avanzadas es uno de los motores importantes de las reediciones de los clásicos y el conocimiento de los contemporáneos. Por lo demás el acercamiento de los gallegos a los libros escritos en su lengua es bastante tímido. Es cierto que se edita mucho menos que en castellano, 40.000 títulos frente a poco más de 1.000, pero también hay que señalar que el consumo no llega ni al 20% del ritmo editorial. Todavía hay sectores muy amplios de la población en Galicia que no están familiarizados con la lectura en gallego. Mucha gente que no se escolarizó en nuestra lengua o que no accedió a una enseñanza reglada del gallego. Pese a todo, el mercado interior del libro gallego se consolida y los esfuerzos practicados en el campo de la traducción permiten dar a conocer la obra de escritores gallegos fuera de nuestras fronteras. Varios premios nacionales de literatura otorgados a autores gallegos son la prueba del reconocimiento exterior de un público que también descubre nuestra narrativa nuestra narrativa a través del cine, un nuevo gancho editorial para la cubierta de las obras originales que ahora se venden al lector como la novela de la película.


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