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La literatura del éxodo.

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Con el exilio y las corrientes migratorias hacia América durante la dictadura franquista, la literatura gallega también emigra.

Al hilo de la vida y obra de las figuras “senlleiras”, rendimos homenaje a quienes mantuvieron viva la llama de nuestra cultura a más de diez mil kilómetros de distancia.

 
Durante décadas y décadas nuestra literatura creció y nuestra lengua maduró a miles de kilómetros de su madre natural. Lo hizo en centros gallegos en los que se hablaba en gallego y la principal preocupación era esta tierra pero que estaban en Buenos Aires, en Montevideo, en La Habana, en Caracas o en Méjico. La patria se la llevaron puesta. Hoy más que nunca, procede hablar y reflexionar sobre la literatura del exilio, ya que el protagonista de nuestro programa, Antón Avilés de Taramancos también fue emigrante por la fuerza. Para Taramancos era un motivo de enorme debilidad que la sangre gallega estuviese extendida por el mundo, vertiendo lágrimas de rabia y añoranza. Antes de la guerra civil, la narrativa, el ensayo y la literatura dramática evolucionaban con el grupo Nós. Ramón Otero Pedrayo era y es uno de los pilares con su monumental trabajo. Castelao que sobrepasa la denominación de mero literato, comenzaba a convertirse en el símbolo de la identidad gallega. Eduardo Blanco Amor fue uno de los autores más representativos de la narrativa gallega. La guerra civil fue un parón definitivo. El exilio interior y exterior de los autores gallegos se disparó en la posguerra, unido al silencio editorial, al que sólo se le pudo devolver la voz lentamente desde el otro lado del Atlántico, en forma de editorial o revistas como Vieiros, algunas de gran espíritu combativo. Los autores que se expresaban a través de estas editoriales eran Vicente Risco, José Francisco Lesta Meis, Cuevillas, Vilar Ponte, Manuel Antonio, Amado Carballo, Bouza Brey, Luis Seoane, Dieste, Rey Baltar... Los grandes de nuestra literatura inspiraban desde fuera las ideas de Galicia. En poesía pese a los obstáculos crecían la Generación del 36, la promoción de enlace, o la generación de las Festas Minervais, y en prosa la Nova Narrativa Galega.
Avilés que sabía muy bien lo que era levantar un hogar fuera y lejos del propio, veía la emigración como una anemia perniciosa. Estos autores tuvieron que huir para, como mínimo, salvarse de la cárcel. Avilés no tuvo la suerte de estar en contacto con otros gallegos, con otros autores, como fue el caso de estos otros grandes autores, que se entendieron y se apoyaron entre ellos y tampoco perdieron el contacto con los que se habían quedado. Estos hombres que según Avilés estaban siempre regresando, mueren y comienzan a vivir de nuevo. Avilés por ejemplo murió sintiéndose tan gallego como “sudaca” como él mismo decía.


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