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El ambiente literario.

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La literatura, como otras artes, se ha institucionalizado.

Cambian los tiempos y también los modos. A mediados del siglo XX las tertulias literarias de los viejos cafés eran la esencia de la cultura. Hoy, la actividad cultural gira en torno a las instituciones y a los actos que organizan.

 
No todos los escritores necesitan rodearse de este ambiente para crear obras literarias dignas, aunque a Gonzalo Torrente Ballester le dio buen resultado. La reciente Fundación Torrente nos permite descubrir este secreto. Las tertulias literarias, como en otras culturas, fueron claves en Galicia, pero en el pasado. El propio Avilés recuerda la cultura literaria y vital que le inyectaron las charlas ante un café, que vivió en A Coruña. Para él la vida actual iba demasiado deprisa para que cupiesen las tertulias. A la muerte de Franco nacen algunos de los instrumentos fundamentales para nuestra literatura. Estas asociaciones que lucharon por nuestra cultura surgieron cuando no eran ni 12 las editoriales. La Asociación Galega de editores nació 8 años después, y desde entonces presta sus servicios a 26 editoriales y desarrolla diferentes actividades. En 1997 ya eran 69 las editoriales. Nació a la vez el Consello da Cultura Galega, un organismo estatutario, es decir que fue creado con el Estatuto de Galicia. Hace 20 años este organismo comenzó a promocionar los valores culturales de Galicia, y en ocasiones a defenderlos. Varias secciones sacadas adelante con el trabajo de jóvenes investigadores materializan el artículo 2 del Estatuto de Autonomía. Desde Artes Plásticas a comunicación, pasando desde luego por la lengua, las diferentes secciones publican, organizan diversos actos y guardan tesoros como el archivo sonoro. Otro organismo nacido por aquella época y también muy importante fue el Penclub, y un paso definitivo fue el comienzo de los estudios de filología galego portuguesa.
En la actualidad se está recuperando la figura del mecenazgo. La Fundación Caixa Galicia potencia todos los años el área de literatura, entre otras, pues considera que la creación artística constituye uno de los más eficaces transmisores de nuestra cultura fuera de nuestro territorio. La pretensión es tener una comunicación constante y fluida con todas las personas interesadas en el ámbito de la cultura. La actividad literaria y cultural quizás se entiende ahora de otra manera. En Santiago hay un cuadrado con cuatro aristas fundamentales, la fundación Granell, la fundación Caixa Galicia, la reciente Fundación Torrente Ballester y la futura Sargadelos. La Fundación Torrente Ballester nace como un centro de investigación, en la ciudad donde el autor de “Los gozos y las sombras” quería que quedase su legado literario. Pero esta fundación desborda esta pretensión. Desde la histórica Rúa do Vilar quiere ser el lugar de referencia para los investigadores de la figura de este autor. 1300 metros cuadrados ocupados por la biblioteca personal con 12000 volúmenes, los manuscritos y hojas corregidas por su puño y letra, y la reproducción de su lugar trabajo nos acercan más a este peculiar hombre. Otra Fundación, está más veterana y grande, es la de Cela. En 11.000 metros cuadrados guarda 40.000 volúmenes, cartas y manuscritos, en definitiva un viaje por la cultura de la segunda mitad del siglo XX. Ahora que conocemos algunas de las herramientas de las que pueden echar mano los investigadores y escritores queda para el debate la reflexión de si la literatura ha de estar al margen de cualquier institucionalización.


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