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El Fin de la Tierra

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El Cabo Finisterre ha sido considerado desde la historia remota como el punto más occidental de Europa.

La leyenda del fin del mundo y del comienzo del Mare Tenebrosum originó todo tipo de especulaciones sobre el más allá y motivó la visita de peregrinos de todas las condiciones y credos que, desde Compostela, continuaban su piadoso andar, buscando el verdadero final del iniciático Camino de Santiago.

 
Actualmente, Fisterra sigue acogiendo a miles de personas que llegan por motivos espirituales o, sencillamente, por el gran espectáculo de la inmensidad oceánica. El pueblo del Fin de la Tierra es una típica villa marinera de estrechas callejuelas que descienden hacia el mar y uno de los lugares del mundo que más historias puede contar. Desde el fascinante culto al sol hasta las más violentas y temibles tempestades, desde las expediciones celtas en busca del paraíso hasta grandes catástrofes marítimas. La del Casón en el 87 todavía estaba demasiado fresca en la memoria. Aquel mercante se hundió frente a la playa de O Rostro con un cargamento de substancias tóxicas no identificadas. 23 tripulantes murieron intoxicados y tuvieron que evacuarse las villas de Fisterra, Corcubión y Cee, con afecciones respiratorias y cutáneas entre los habitantes. Ahora, la sombra alargada del Prestige vuelve a cebarse en O Rostro. Esta es una de las doce playas de Galicia en las que todavía no se ha podido concluir la limpieza. En pleno mar abierto, el arenal fisterrán recibe casi a diario la visita de innumerables bolitas de fuel que se supone que proceden de los fondos situados entre la bajamar y parte de la zona submareal. Dos toneladas de hidrocarburo se retiraron en mayo en menos de una semana entre las lenguas de arena. Entre ellas, capas de hasta cincuenta centímetros de grosor. En la playa no se puede trabajar siempre. Hay que esperar a las mareas vivas para actuar a fondo con excavadoras y dar por finalizada la misión que no podrá concluir hasta después del verano. Mar de Fóra ha sido la más afortunada. Los bañistas han vuelto a visitarla en cuanto el sol se lo ha permitido e incluso en A Langosteira la gente se anima a un día de playa aunque los trabajos todavía no han concluido. Este arenal no se ha visto muy afectado pero lo malo es que aquí se recogía longueirón. El sector espera que al menos se confirmen los rumores que anuncian una próxima apertura de las artes menores en esta zona. Mientras se sigue limpiando lo que se puede y para ayudar ha llegado al pueblo un destacamento de la legión.


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