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La Ría, mar en calma

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La Ría de Muxía crea hermosas playas e incomparables espacios naturales.

En Muxía, el mar urdió de nuevo su venganza. Trepó por los acantilados, negro y fiero como nunca, rugiendo la memoria tempestuosa de ostentosas máquinas de mar hundidas para siempre en el fondo del océano.

 
Los de aquí pensaban que ya lo habían sufrido todo en cuanto a naufragios, pero Nosa Señora da Barca volvió a ser testigo de excepción del peor accidente marítimo ocurrido frente a nuestras costas. Las plazas y callejuelas de la preciosa villa marinera de Muxía se llenaron de un chapapote denso y pegajoso que ha tardado en limpiarse más de seis meses. Gracias a la ayuda de voluntarios llegados de todo el mundo, lo peor ya ha pasado. Incluso empiezan a llegar turistas y curiosos para ver cómo está quedando todo. El aspecto es sensiblemente mejor, aunque las huellas siguen en cada esquina y en cada tramo de costa continúan los trabajos. El personal de Tragsa sigue en la playa del centro de Muxía. Toda la paciencia del mundo es poca cuando hay que hacer frente a una limpieza tan meticulosa. El Ministerio de Medio Ambiente ha revisado el plan de actuación de limpieza en la costa y ha concluido que todavía queda un importante margen de actuación para la eliminación del fuel de las rocas mediante hidrolimpieza. No es posible sentarse a esperar que la acción del mar actúe como detergente natural aunque sí hay esperanzas depositadas en la biorremediación que se está llevando a cabo en el Cuño de Muxía. Si las milagrosas bacterias son capaces de acabar con el chapapote, la limpieza total está garantizada para la costa gallega. Los resultados se harán esperar porque lógicamente siguen el ritmo que marca la naturaleza.
La playa de Arnela sigue bella e imponente como siempre, intacta a primera vista pero con heridas profundas si uno fija la vista en las rocas. Lourido vuelve a tener la cara limpia después de que se hayan empleado a fondo voluntarios, gente del pueblo, personal de Tragsa e incluso el ejército. Ahora hay otro grupo de las Fuerzas Armadas trabajando en Nemiña. Esta playa se ha limpiado cientos de veces. Ahora por fin empieza a recuperar su mejor aspecto pero como siempre bajo la arena todavía queda trabajo. El arenal más turístico de Muxía ha sido el más afortunado. La playa del Lago está exactamente igual que antes, protegida de los vientos y las corrientes en el fondo de la ría. En cuanto al mar, los exámenes realizados por biólogos de la Xunta, que embarcaron en pesqueros de Muxía, arrojaron resultados desiguales. Durante seis días de labor se recogieron varios ejemplares de centollo con chapapote en las patas, lo que prueba la presencia de fuel en el fondo. De todos modos, no se pudo precisar la zona contaminada con hidrocarburo, pues el centollo es una especie que deambula constantemente. Los aparejos salieron limpios, pero los marineros temen que el fuel aflore en invierno. Dicen que con las bajas de mar que llegarán a partir de septiembre, el petróleo que queda en el fondo de la ría empezará a ser escupido hacia tierra y la pesadilla volverá a empezar de nuevo.


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