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EL BALCÓN DE LA RÍA.

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Senderismo: La mejor alternativa para disfrutar de la grandeza del paisaje

Las sendas costeras y los miradores son una buena opción para disfrutar de la magia de la Ría, de sus espectaculares playas, la sencillez bellísima de muchas de sus iglesias la arquitectura popular y siempre como fondo las guardianas de las Ría : As Illas Cíes.

 
Piratas y ejércitos invasores forjaron la leyenda. La codicia de los cargamentos valiosos que llegaban al puerto de Cangas y al de Aldán originó saqueos y batallas que dieron lugar a mitos y verdades que aún hoy son el argumento de narraciones populares, entre la fantasía y la verdad histórica.
Pero cómo no pensar en los cuentos que se nos antojen paseando casi a la orilla de la ría. En la parroquia de Darbo se inicia una senda costera de cerca de dos kilómetros. Trayecto para llegar desde la playa de Areamilla hasta el arenal de Liméns. Liméns y la cala de Santa Marta quedan a la derecha. Esta playita es una de las más concurridas, sobre todo porque tiene muy buenas condiciones para la práctica de deportes náuticos, y a la vez, es lo suficientemente abrigada para los que aún se estén iniciando con las tablas.
Eso, por un lado. Mirando de frente nos encontramos con las guardianas de la ría, las Illas Cíes. Hacia la izquierda, la gran ciudad, Vigo. Y en todo momento, el mar, azul intenso en un día despejado como hoy.
Hay que agradecer a este paseo que ahora es muy sencillo contemplar las Furnas, unas grutas por las que se cuelan las mareas, y que antes sólo eran visibles desde el mar.
En busca de nuevos miradores nos detenemos en la iglesia de Santa María de Darbo, ejemplo de sencillez para el barroco gallego del siglo XVIII. Completan el conjunto, los alprendres de feira, que acaban de ser rehabilitados por una escuela de taller.
Desde aquí ascendemos hasta el Balcón do Rei. Con una ría tan espectacular, había que trepar por donde fuese para capturar, aunque fuese fugazmente, su magia. Las vistas son dignas de la realeza, pero están al alcance de todos los mortales, como las que se alcanzan desde el Monte de San Roque. O desde la cumbre del Monte da Madalena. Queremos asomarnos a todos los balcones, para perder la vista en el mar inmenso, pero también para mirar hacia dentro.
Y de este modo no faltarán en nuestro cuaderno de viaje más apuntes legendarios. Coiro es la parroquia en la que habitó María Soliña. Frente a la Casa do Cruceiro, ahora centro social, aún se aferra el escudo de la Inquisición. Vestigios más amables son el Pazo de Verín y la iglesia de San Salvador con su osada torre casi más grande que el propio templo. Otro apunte: los artífices de la fachada, de estilo barroco compostelano, son los Hermanos Novás.
Antes de que nos falte el aliento, aún tenemos que cumplir dos visitas en Coiro. Una es a su magnífica carballeira, catalogado como Espacio Natural Protegido. Es un bosque atlántico poblado por robles centenarios que conviven con otras especies forestales. Para los senderistas el paseo la ruta es una fiesta que culmina en zonas de labradío jalonadas por viejos molinos. Uno de ellos, conocido como el de Fausto ha vuelto a la vida, y, de paso, a la memoria de quien lo visite para comprobar su funcionamiento.


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