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NOIA.

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Por las orillas del Tambre.

El río Tambre marcha encajonado hasta Ponte Nafonso, donde forma un estuario de gran belleza.Las principales actividades de la población se centran en la pesca, la agricultura y el comercio. En la pesca destaca el berberecho que se cría y recoge en los arenales que han recibido la denominación popular de Costa del Berberecho.

 
La villa de Noia es uno de los parajes más ricos de la Costa Atlántica gracias a su riqueza marinera, centrada, gran parte de ella, en las aguas del Tambre . La pesca de bajura, el marisqueo en los bancos de berberecho más ricos de toda Europa o la faena en las bateas de ostra, son junto la actividad agrícola, las mayores fuentes de riqueza del desarrollo socio-económico de la villa marinera. Con esta estampa, una de las más coloristas que nos ofrece esta ría, nos adentramos en las aguas del Tambre. Partimos, dejando atrás las preciadas bateas y arenales como el de Taramancos o el de Testal , donde, una vez subidos a nuestro barco, nos dirigimos hacia los primeros bancos de A Misela y San Cosme , formados, allí donde el río Tambre, saluda las últimas olas saladas que logran llegar con la fuerza de la marea, ría adentro. Al sur de la Ría divisamos la villa de Noia , separada del canal principal del río, que forma en su boca, una zona de marismas, de aguas quietas, cubiertas de junqueras y praderías salinas. En este tramo de costa por el que hoy navegamos, y que reúne los arenales, denominados popularmente Costa del Berberecho , conviven pacíficamente marineros y bañistas, así como los amantes de las actividades acuáticas entre las que cabe destacar el piragüismo, avalado en este caso por los diferentes clubes deportivos asentados en la ribera del Tambre. A medida que avanzamos en nuestro viaje, y atravesando las dos Barquiñas, al Norte la de San Cosme y al Sur la de Noia , el Tambre define más su recorrido, por eso, según dicen los propios marineros, tanto aquí como en Monte Louro, los patrones guiaban sus embarcaciones, antes de existir los socorridos farolillos, por la piedra del Zarpal en los alto del Monte Cando ; un punto de referencia natural que seguro, a más de uno le salvó la vida. Bordeando los antiguos arenales de Outes, hoy puertos secundarios de abrigo, nos aproximamos al nuevo puente que une Serra de Outes con Noia, y lo hacemos dejando también en el margen izquierdo de nuestra embarcación la gran ensenada del Tambre. Este paso, cobija a la pequeña aldea de Ceilán , abrigada también por una de las carballeiras que se extienden por la vera del río entremezcladas todavía con algún campo de maíz. Unos minutos más en la barca y ya es inevitable el encuentro con Ponte Nafonso . Aquí en el estuario del Tambre, parroquia de Roo, se atraviesa el río por este puente de 270 metros de largo, una joya arquitectónica que data del siglo XIV y que cuenta con 20 arcos ojivales. Es aquí donde desembarcamos para seguir nuestro camino a pie hacia la Devesa de Nimo . Estamos en Augalevada , desde aquí la ruta nos vuelve a mostrar la ría de Muros y Noia en todo su esplendor. Pero a estas alturas de nuestro viaje, lo que nos llama realmente la atención es el edificio de la Central Hidroeléctrica, un proyecto que en su día desarrolló el arquitecto Antonio Palacios y que en la actualidad está totalmente integrado en estos parajes del Tambre. A unos pasos de la central, y después de atravesar el conjunto natural que forman los centenarios robles de su jardín, continuamos descubriendo los encantos de estas tierras. Recorriendo el sendero que bordea el río llegamos al puente colgante, un paso aparentemente frágil, que nos ayuda a cruzar el cauce y que ningún caminante se puede resistir a probar. Nos aproximamos a la Devesa, y desde aquí, fijando la mirada en las aguas del Tambre, podemos reconocer todavía las pesqueiras, esas antiguas construcciones de la Edad Media que los pescadores utilizaban para capturar las lampreas, abundantes en otra época. Y antes de adentrarnos en el último sendero que nos conducirá hacia nuestro destino hacemos una pequeña parada en el refugio de Pescadores, un espléndido paraje para tener una nueva percepción del río. Eso sí, no la última que nos ofrece este trayecto hacia la Devesa de Nimo, un bosque de hadas, con rincones secretos para el caminante, donde las aguas cristalinas parecen tener vida.


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