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TIERRA ADENTRO

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Un recorrido por la zona interior del municipio.

Contrastando con los paisajes marinos, Sanxenxo sorprende por la fuerza de su paisaje verde de interior. A escasa distancia de su litoral encontramos verdes valles y montes con pequeños núcleos rurales, iglesias , monas-terios, miradores, pazos... Merece la pena disfrutar de sus paisajes de interior.

 
No todo va a ser playa. Desde Sanxenxo merece la pena internarse tierra adentro y gozar de sus paisajes de interior. Sólo con acercarnos al vecino concello de Poio tendremos bien pagada la excursión. Hay que subir desde Samieira hasta la cumbre del monte Castrove. Es un mirador excelente sobre las rías de Pontevedra y de Arousa, además de un espacio natural de gran belleza, en el que crece una vegetación muy interesante. Desde aquí el Monasterio Mercedario de Poio es una visita obligada. Su iglesia es ejemplo de arquitectura renacentista, con elementos barrocos. En la actualidad, el Monasterio de San Juan ofrece dependencias para los turistas que busquen un alojamiento tranquilo y a la vez, confortable. Pero bajamos de nuevo a la orilla del mar para recorrer el pequeño pueblo de Combarro, todo él declarado monumento de interés histórico-artístico. Mariñeiro hasta la médula, ha sabido sobrellevar el paso del tiempo sin perder un ápice de su carácter, bien reflejado en su arquitectura popular. Edificaciones tradicionales, hórreos y cruceiros entretejidos en una sinfonía de piedra que agotan muchos carretes de fotos. De vuelta al interior, nos dirigimos hacia las fértiles tierras del Valle del Salnés. En esta comarca de belleza sencilla es fácil trazar rutas que combinen paisajes, ocio y patrimonio histórico. El Monasterio de Armenteira es otra parada inexcusable. Desde el siglo XII su perfil domina este rincón, en el que San Ero permaneció 200 años bajo el hechizo del canto de un pájaro. Una buena manera de vencer el encantamiento es acercarse hasta el campo de golf de Meis. Está considerado como uno de los mejores campos de España. Es de uso público y de titularidad municipal. Sus tarifas, muy asequibles, contribuyen a mitigar el carácter elitista de este deporte, con lo que ha ganado adeptos. No menos interesante es la ruta del albariño, el caldo que nace en el corazón del Salnés. Cambados es su cuna y el lugar que estalla en agosto con la Fiesta del Albariño. Pero antes de entregarnos a paladear el príncipe de los vinos, como dijo Cunqueiro, hay que conocer la villa, que también es puerto de mar. Calles, plazas y rincones en los que nos asaltan pequeños placeres, en una atmósfera dominada por su riqueza monumental, plagada de casas nobles y muestras de señorío. Así hasta desembocar en el impresionante conjunto de Fefiñáns, integrado por el Pazo, la Iglesia de San Benito y la plaza. Antes de regresar a Sanxenxo es preciso detenerse en el Pazo O Revel, en Vilalonga, una casa señorial con finca imponente dedicada al turismo rural. La oferta es abrumadora, lo que cuesta es decidirse. Muy cerca de esta preciosidad se levanta la Iglesia de San Estevo de Noalla, edificada en 1692, y que conserva restos románicos. Además nos premia con una preciosa vista de la playa de A Lanzada. Y ya casi en Portonovo, merece la pena acercarse hasta la parroquia de Adina. Su iglesia conserva los aleros y los muros originales, de 1170, aunque su factura corresponde al siglo XVI. Al igual que la iglesia de Noalla que antes visitamos, el templo forma parte de las actuaciones del Plan de Excelencia Turística. Y después de esta jornada agotadora, lo que nos merecemos es perdernos por las calles de Portonovo. La tradición manda, por eso nosotros, fieles a ella, también nos vamos de tapas.


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