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El Parque Natural

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Partimos de Verín en busca de altas cumbres.

El paisaje ha cambiado en pocos minutos. Sorteamos los valles y laderas encajados en las montañas del Macizo Central Ourensano y empezamos a recorrer un paraje natural cargado de historia.

 
El Invernadeiro cumplirá en junio seis años de existencia como Parque Natural, apenas el inicio de su más reciente y civilizada etapa, después de dejar atrás muchos episodios en los que el hombre ha intentado sin éxito someter a una de las naturalezas más indómitas de Galicia. La historia del Invernadeiro arranca en la época romana, cuando miles de hombres trabajaban en las explotaciones auríferas que se hacían con el sistema del derribium montium. En la Edad Media estas tierras eran muy apreciadas por los nobles para organizar cacerías en las que sin demasiada suerte ni puntería podían obtener preciados trofeos de una caza que entonces era muy abundante. Los Montes del Invernadeiro pertenecieron durante mucho tiempo a manos laicas, de modo que nunca llegaron a verse afectados por la desamortización de Mendizábal ni por otras divisiones. Llegado el siglo XX este territorio era un caramelo gigante para cualquiera que se dedicase a la explotación forestal. Papelera Española se hizo con el Invernadeiro y repobló gran parte de los montes con pinos silvestres. Hasta que el devastador incendio de 1981 truncó su esperanza de obtener la rentabilidad prevista en un principio. Papelera abandona su proyecto y la Xunta se hace con la propiedad en el 84. Desde esa fecha todavía tuvieron que transcurrir 13 años para que el Invernadeiro fuese declarado Parque Natural.
Con o sin decreto que lo certifique, para nosotros no queda duda. Nos encontramos en un paraje sublime, un territorio grandioso y diverso. Casi 6.000 hectáreas configuradas por las vertientes de los ríos Ribeira Grande y Ribeira Pequena que bajan desde las cumbres de la Serra da Queixa y se encuentran en el hermoso embalse de Portas. No es prudente ni demasiado provechoso recorrer esta inmensidad sin ayuda. Los que quieran adentrarse en las entrañas del Invernadeiro tienen a su disposición el Aula da Natureza, una gran cabaña preparada para acoger a grupos de escolares, universitarios o particulares que lo hayan solicitado previamente a la Consellería de Medio Ambiente. Aquí se realizan actividades didácticas guiadas por el personal del Servicio de Conservación da Natureza. Los visitantes estudian la flora y la fauna que van a encontrarse en el recorrido. Nada menos que 150 especies de vertebrados, de las cuales 90 son aves y 40 mamíferos. En estos momentos se trata de recuperar la presencia de cabras montesas, rebecos y ciervos, pero sin embargo es relativamente fácil ver algún corzo trotando ladera arriba antes del mediodía. Mucho más complicado será pillar al gato montés, al armiño o a la nutria. Y entre bicho y bicho, la riquísima flora del parque nos obligará a detenernos más de una vez. El singular clima mediterráneo de estos montes permite ver casi de todo. Fragas en la orilla de los ríos y regatos, repoblaciones de pinos pertenecientes a la época de la Papelera, árboles centenarios, especies con influencia oceánica, queirugas en las laderas y tesoros en cualquier rincón por donde baje un manantial cargado de vida.


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