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La Villa Termal

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La vida de Baños de Molgas gira en torno a las aguas termales.

El núcleo urbano ha crecido alrededor de los manantiales. Desde que se construyó el balneario, a finales del siglo XIX, Baños se transformó en una villa termal.

 
Tomar las aguas en Molgas se convirtió en una tradición. Sus propiedades eran conocidas ya por los romanos pero fue en 1873 cuando se las declaró de utilidad pública. Están especialmente recomendadas para la artritis, la gota y el reuma, y el gas radón o gas de la felicidad las hace inmejorables en curas de relajación. La temporada balnearia comenzó el 15 de febrero y continuará hasta el mes de diciembre. Las instalaciones son las de siempre pero adaptadas a los gustos y comodidades de los nuevos tiempos. Ir al balneario de Molgas es muchas veces la disculpa para visitar este lugar que conserva todavía el sabor de los pueblos de interior, auténtico y acogedor, El conjunto mismo es un sedante, como sus aguas y rebosa todo el encanto de una villa tranquila que resulta ser el complemento perfecto para una cura termal. Junto al balneario otros servicios hoteleros promueven el turismo. Entre todos ofrecen casi 200 plazas para disfrutar de este ayuntamiento que según las tradiciones y leyendas locales está ubicado en el valle del famoso monte Medo donde se libró la batalla entre las legiones de Augusto y los habitantes de la zona, poniendo prácticamente fin a la resistencia galaica contra Roma. Del paso del imperio quedan huellas en las calzadas y en lugares como un bello ninfario dedicado al culto del agua. Aquí se encontró un ara romana consagrada a las ninfas que luego fue trasladada a la iglesia de Santa Eufemia de Ambía pocos metros más arriba. El ara sirve ahora de pedestal a la imagen de Santa Eufemia y comparte protagonismo con la talla de un cristo medieval de madera, de corte bizantino, esquemático, apenas trabajado pero sereno y majestuoso. Las ventanas geminadas son una señal inequívoca de que se trata de una iglesia mozárabe del siglo IX relacionada con la tipología del arte asturiano, que fue declarada Monumento Nacional en 1931.
En Almoite hay una pequeña iglesia barroca rodeada por un Vía Crucis que no destacaría en absoluto de no ser por el cruceiro principal situado al pie de la escalinata. El trabajo no es muy fino pero son interesantes las imágenes de Adán y Eva con la serpiente descendiendo por el mástil del cruceiro. En San Vitorio tenemos una visita con triple interés. La curiosidad de la capilla reside en que sus dinteles se construyeron aprovechando restos romanos. La singularidad del cruceiro es su pequeña dimensión y el hecho de que haya sido superpuesto a una roca que también está labrada y además apoyada sobre una gran piedra donde se descubrieron petroglifos con las formas más tradicionales que presenta el arte rupestre en Galicia: círculos concéntricos y pequeñas cazoletas. Todavía podemos acercarnos a San Cristovo de Lamama y admirar no solo el exterior del templo sino el valioso artesonado que se conserva en sus techos. La iglesia de Betán no es de las que causan impresión pero conserva algún canecillo que bien podría haber inspirado las animaciones de Disney. Curiosidades, belleza y paisaje natural. Esto es lo que encontrarán en cualquiera de las trece parroquias de Baños de Molgas, un encantador pueblo de interior con poco más de tres mil habitantes, perfecto para disfrutar de la auténtica vida en el campo.


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