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La Ruta de las Aceas

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El río Sarria es nuestro protagonista. Si seguimos su curso entraremos en la Ruta de las Aceas, tomando uno de los dos itinerarios posibles, la Acea de Abaixo.

Con buena compañía y equipados con unas botas para caminar, emprendemos el sendero que nos lleva río arriba, en la llamada Ruta de las Aceas. Es la dirección que toman todos los paseantes que se adentran en la ruta viniendo de la villa de Sarria.

 
Apenas hemos comenzado, y nos topamos ya con la primera estampa. El agua, la presa y el molino nos salen al encuentro. La curiosidad nos empuja a seguir la senda que desemboca en el muíño de Mourín, recientemente restaurado. Las sorpresas no se hacen de rogar, porque hasta el suelo que pisamos es idílico y nos regala los colores de este invierno en todo su esplendor. En el camino nos encontramos con un pequeño refugio, que dio cobijo a los campesinos que bajaban desde los pueblos vecinos con la carga para los molinos o con los animales. A continuación, nuestra ruta serpentea y en su giro deja al descubierto un segundo molino. Y, de nuevo, tenemos ante nuestros ojos un paraje de cuento. A un lado, la presa y el molino, y al otro, una Carballeira en pronunciado declive. Ni siquiera la fuerte pendiente que queda a nuestros pies nos invita a abandonar. Teníamos que llegar hasta aquí para atravesar el camino bajo un pórtico de alisos, hasta llegar a la presa da Caneira, uno de los mejores acotados de pesca de este río célebre por la calidad de sus truchas y la transparencia de sus aguas. Ya tenemos a nuestro alcance el final del itinerario, porque el tercer molino, el del Conde, marca el inicio del camino hacia la aldea vecina de Fafián. Dejamos atrás la Ruta de las Aceas, pero seguimos al río en su entrada en el casco urbano. Y con un nuevo molino, el de Ponte Ribeira. El río se encauza en el Malecón, a lo largo de un hermoso paseo, donde nos encontramos con el puente de O Toleiro, que tras su restauración conserva sus antiguos pilares. Si tomamos la carretera de Becerreá, llegaremos a otro puente histórico, a Ponte Vella, romano en sus orígenes. Cerca se emplaza uno de los molinos más hermosos de la zona, el de Don Álvaro. Y en el otro río que atraviesa la villa, el Celeiro, aún podemos pasear por otro puente señero, el de Don Fermín, donde finaliza nuestro recorrido por los lugares en que la villa y el río se dan la mano.


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