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Flor de Invierno

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Los pazos y las camelias.

Esta bella flor llegó por mar hace ya tres siglos, procedente de China y Japón y desde entonces se quedó con nosotros.

 
Varias son las teorías que intentan explicar cómo fue aquel viaje desde el lejano oriente. La primera cuenta que fueron los navegantes portugueses que la trajeron del este de Asia. Pudieron ser también los españoles a través de las rutas con Manila, aunque los primeros documentos escritos del siglo XVII señalan a los navegantes holandeses e ingleses que las introdujeron en las bodegas de los barcos de la "compañía holandesa de las Indias Occidentales".
En el siglo XIX se empezó su comercialización a través de vendedores ambulantes, pero elevado su precio la destinó a engalanar los jardines de los pazos gallegos, en donde aún se conservan los ejemplares más antiguos.
De hecho existe una ruta de la camelia que recorre distintos pazos y jardines de interés como el castillo de Soutomaior, Pazo da Saleta, de Rubians, Santa cruz de Ribadulla o la Casa Museo Rosalia de Castro, que da incluso nombre a una de las flores.
La estación Fitopatolóxica do Areeiro, en Pontevedra, creada hace más de 25 años, se ocupa desde su unidad de ornamentales, del estudio de la llamada Flor de Galicia.
Aquí se ocupan de todas las fases de crecimiento de la camelia e investigan nuevos métodos de cultivos, así como las enfermedades y posibles tratamientos para virus, hongos y plagas.
Trabajan intensamente en una clasificación de las camelias gallegas, su producción y protección y en la recuperación de cultivares de camelias antiguas, una tarea complicada por la insuficiente información y la falta de documentos gráficos.
Actualmente, el número de plantas que mantienen en vivero y en plantación son casi incontables. La más común y la más cultivada es la camelia japónica, de la que existen más de 2000 variedades, con flores de muy distintas formas y colores.
La camelia reticulata da las flores más espectaculares, amplias y abiertas.
La sasancua es la más diferente, con una flor pequeña es la única que tiene olor, un aroma dulce casi como el jazmín.
La sinensis es la planta del té, producto que sale de sus brotes tiernos. De hecho en Galicia se están dando los primeros pasos para producir té de la camelia gallega, aunque nos explica el artista Cándido Pazos, investigador y apasionado de esta flor, que por ahora no es el proyecto principal.
Lo que sí empieza a ser una realidad palpable es la producción de aceite de camelia en Galicia. En este momento, con la ayuda del Doctor Durán, catedrático en Fisiología Vegetal y la Universidad de Madrid, ya han conseguido extraer este oro líquido de las semillas.
El aceite de camelia era muy utilizado en la cultura oriental por sus beneficios, las geishas lo empleaban para sus peinados, se utiliza también en cosmética como suavizante de la piel, en bálsamos labiales y sobre todo es conocido por sus propiedades antioxidantes.
La pasión del escultor Cándido Pazos por las camelias viene ya de familia. Pero junto su hijo Jaime se atreven con experimentos tan extraños como hermosos, como son los impresionantes bonsáis de camelia o las espectaculares camelias trenzadas, varios troncos entrelazados de los que sale una misma copa con flores de distintas variedades. Investigaciones y experimentación que dan lugar a asombrosos resultados que acaban siendo toda una fiesta para los sentidos.


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