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Nace el Miño

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Nuestro primer trayecto en busca de la Reserva de la Biosfera.

Nace el Miño y da origen al primer espacio natural de su largo trayecto.

 
Fonmiñá, en A Pastoriza, el siempre aprendido nacimiento del padre de los ríos gallegos, el río Miño. En Fonmiñá aún es adolescente, le queda mucho por crecer, por viajar y por ver. Este es hasta hace poco el único kilómetro cero reconocido al Miño. Una pequeña laguna de 3500 metros cuadrados rodeada de alisos y abedules, y un manantial de agua mineral. Multitud de excursionistas visitan el mayor brote de agua natural de Galicia. Bien. Hasta aquí la historia oficial, la más conocida, el Miño nace, brota, en Fonmiñá. ¿Y si la laguna de Fonmiñá fuese tan sólo un afloramiento de su caudal, una sugerencia cárstica, si hay que ponerse científico?. Y si el Miño en Fonmiñá ya hubiese recorrido 6 kilómetros?. ¿Y si naciese en O Pedregal de Irimia en el vecino ayuntamiento de Meira?. Es un despertar al mundo más tumultuoso y salvaje sin duda. Hay una leyenda de resonancias bíblicas según la cual se convirtieron en piedras los hombres de una raza maldita y pecadora que esperaba un renacimiento con la purificación de las aguas juveniles. Ambos sitios tienen su encanto, y su especial atracción. Recomendamos vivamente la visita a ambos y que cada cual le ponga a la historia del Miño el inicio que desee. Uno más majestuoso y rodeado de las obras artísticas de Manuel Mallo y Paz Picallo en Fonmiñá. O un comienzo más rebelde y solitario, tipo niño salvaje. Hay un dato irrebatible: el recorrido de nuestro gran río es Reserva de la Biosfera, y la visita a su nacimiento y su curso, bien puede pararse un poco en algunos de los encantos de sus dos posibles padres: Meira, y A Pastoriza. En ambos el agua es fundamental porque de sus sierras parten otros ríos y regatos. Y aunque el Miño es el más deseado, tiene que marcarle el territorio a otro gran río, con acento asturiano, el Eo. En Meira la naturaleza está a la altura de su insigne hijo predilecto, a 800 metros, pero también la arquitectura, porque en una cabeza de ayuntamiento tan pequeña como esta, hay un monasterio muy grande, el Santa María de Meira, joya del románico de los siglos XI y XII. En A Pastoriza el paisaje es de transición entre la montaña y la chaira lucense. Su gran contribución artística va más allá en el tiempo que el cenobio románico de Meira. La parroquia de Bretoña es en sí un homenaje a los castros celtas, y la posterior herencia germana.


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