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Los Puentes de Ourense

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Los puentes son un símbolo de Ourense.

El agua dividía la ciudad, así que decidieron unirla a su manera, construyendo puentes. El Miño junto a sus afluentes, el Loña y el Barbaña, diseña un valle donde se asienta Ourense. Esta agua que la atraviesa por los cuatro costados es la que le da la vida, es la savia que la alimenta y le proporciona energía. La hace especial y atractiva para los habitantes y los visitantes.

 
Ourense es la única provincia gallega que no tiene mar, pero la que tiene más agua y con ella puentes que van definiendo su historia paso a paso.
El río entra en la ciudad tranquilo porque ya se amansó en Velle y se hace agua caliente para mezclarse con la gente. Un gran río que atraviesa hermosos puentes que nos narran las etapas de la capital orensana.
El puente viejo o romano fue el primero. Su imagen se ha convertido en símbolo de la ciudad y aparece representado en el escudo, aunque con una torre que fue destruida en el siglo XIX.
De la primera construcción sólo se conservan algunos sillares en las bases, posteriormente fue reconstruido en el siglo XIII ya con la forma actual.
Después del puente viejo, estaba claro el nombre que llevaría popularmente la siguiente construcción, el Puente Nuevo, que, tras el monopolio de siglos del puente romano, unió los barrios de Ourense y Canedo. En 1918 se terminaban las obras de este empedrado que nos invita a caminar y nos hace de guía hasta el ahora conocido como el barrio del puente.
El ferrocarril ya había llegado a Ourense en 1881, pero hasta 1958 no se terminó el proyecto que permitía cruzar el río al ferrocarril Zamora Ourense, la primera gran infraestructura ferroviaria gallega.
Pero el crecimiento de la ciudad y el aumento de población hacen necesaria una mayor infraestructura para aliviar la carga de tráfico del puente nuevo.
Para ello se construye el Puente Novísimo o "das Caldas" que entra en funcionamiento en 1971. Hasta 2001 no disfrutaron los orensanos de una nueva construcción, pero la espera valió la pena. El puente del Milenio es un lugar para estar, como dice su arquitecto, Álvaro Varela.
Es el esfuerzo para incorporarse a la época de las grandes obras urbanísticas. Una construcción espectacular, un desafío al vértigo y a las normas escritas sobre lo que conocemos como puente.
Por que además de ser funcional, se deja pasear, contemplar, vivir, se deja sobre todo lucir como un símbolo de la modernidad orensana.
Aunque no fue esta magna construcción la última sobre el río. La pasarela peatonal de O Vao se apoya en sólo dos pilares de hormigón con una estructura de tubos entrelazados. Su nombre viene de un antiguo paso que se utilizaba para evitar el pago del peaje en el puente.
Son los puentes de la historia de la polémica o de la modernidad, todos forman parte inseparable del paisaje de la ciudad de agua.


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