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VIAJE EN TREN

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El tren: una hermosa alternativa para admirar la Ribeira Sacra.

Desde A Rua el tren se adhiere en la mayor parte de su recorrido a la orilla del Sil ofreciéndonos en su recorrido, hasta alcanzar las tierras de Lemos, unas vistas inolvidables desde una vía que parece flotar sobre las cristalinas aguas.

 
Para conocer otra parte de la Ribeira Sacra nos disponemos a viajar en uno de los trenes que a diario pasan por el pueblo de A Rúa. Y eso nos disponemos a hacer al subirnos al tren en la estación de este maravilloso pueblo.
Un viaje que gracias a su estratégica ruta resulta igual de hermoso en ambas direcciones. En su escasa hora de recorrido el tren va uniendo pequeñas poblaciones rodeadas de viñedos, castaños y fructuosos bosques que ocupan las empinadas laderas de montaña que, por ambos lados, cierran el hermoso valle y le permiten disfrutar al viajero de unas vistas inolvidables.
Aquí, en este bucólico valle de A Rúa finaliza la tierra de Valdeorras, donde el Sil vuelve a dramatizar su curso en una larga y sinuosa travesía por gargantas y lechos alternativamente pletóricos y esquilmados, propios de la más auténtica Ribeira Sacra.
El ferrocarril corta el límite entre las provincias de Ourense y Lugo poco antes de la presa de San Martiño, en dirección a Monforte.
Siempre por la orilla derecha, se llega a San Miguel de Montefurado, donde puede presenciarse el famoso túnel que agujerea el istmo de un pronunciado meandro y que los romanos construyeron para desviar por él las aguas del Sil y poder recoger cómodamente sus preciadas pepitas de oro. Sobre la densa vegetación, típica de estas tierras, continúa el zigzagueo de la vía que parece flotar sobre las cristalinas aguas.
Tan sólo unos minutos más disfrutando del viaje en uno de los vagones del ferrocarril y comprobamos que el río vuelve a ser retenido, en esta ocasión en el embalse de Sequeiros. El tren, que en la mayor parte de su recorrido se adhiere a la orilla del Sil, -aunque esto signifique adentrarse en la oscuridad de los túneles que atraviesan las montañas de la Ribeira Sacra-, hace otro alto en el camino. Se trata de la amplia vega de Quiroga y San Clodio, una de las estaciones con mayor movimiento antes de llegar a Monforte de Lemos.
A partir de aquí el paisaje cambia un poco, al igual que el ferrocarril que ha girado 90 grados adentrándose en el valle del Lor, que caudaloso y profundo es conocido por su abundante pesca. Alcanzamos de este modo la Tierra de Lemos, flanqueada y resguardada por pequeñas sierras. Es ésta una tierra amante del ferrocarril. Y muestra de ello es que han recuperado para tren turístico el Galaico Exprés. Uno de los principales atractivos del Museo del Ferrocarril, considerado como una de las joyas del diseño británico. Llama la atención su especial locomotora, una Mikado de los años cincuenta que junto con sus 4 vagones también restaurados forman la combinación perfecta para hacer de este recorrido uno de los más entrañables viajes.


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