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La Fraga Encantada

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El ayuntamiento de Ames tiene un secreto.

Un lugar lejano en el tiempo y cercano en el espacio en el que interpretar nuestro presente. Un espacio que hoy podemos recorrer y disfrutar cualquier tarde de primavera o de invierno. Un legado que del que hoy disfrutamos como senderistas, curiosos o repobladores.

 
Buscamos el pasado de Santo Tomé de Ames, siguiendo la ruta del agua que movía los molinos de la comunidad parroquial, en el camino de la cumbre de San Marcos, mirador del Val da Mahía.
Trepan los carballos de tronco verde, entre molinos, desde Vilar y hasta el monte San Marcos, que preside Santo Tomé de Ames. Esta es la llamada Ruta del Agua o Ruta del Riamonte, que así se llama el regato que da origen a la belleza humedecida de esta fraga.
Ascendemos desde Carreira, en medio de un paisaje de prados y terrenos cultivados, donde se siembra el maíz y el trigo, siguiendo el curso del Riamonte, cuyas aguas bajan transparentes para que nade en ellas la trucha. Algun molino nos hace presentir, en la cercanía de Lamas, que este es valle fértil donde se cultivaban con abundancia los cereales, aunque hoy resulten mucho mas rentables los grelos.
Tras Lamas, aparece ya Vilar, donde se inicia un paisaje de ensueño, de molino en molino, alguno incluso recuperado, que bien nos habla del esfuerzo de generaciones pasadas.
Subiendo cara al monte, la Pedra do Fuso se mira en el espejo de la pequeña presa de regadío.
El premio final son las maravillosas vistas desde la cumbre del monte San Marcos, donde aún se aprecian las ruinas de la antigua capilla.


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