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LOS MOLINOS DE O FOLON

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La ruta de los viejos molinos : una visita imprescindible

El taller de empleo de O Rosal ha llevado a cabo un proyecto de conservación de los molinos de agua de Folón que han sido declarados Bién de Interés cultural y constituyen un recorrido imprescindible para cualquier visitante de la zona.

 
Retazos de vidas y un mundo de historias se esconden tras las puertas de estos molinos.
Historias que algunos todavía vuelven a sentir cuando pasean por los senderos de o Folón. Y en esta ocasión también nosotros nos atrevemos a recrear nuestra propia historia.
Comenzamos a subir por la cara de O Picón, la más suave, según los vecinos. Allí se encuentra el primero de los 71 molinos que comprenden esta ruta. El primero en recibir visitas, pero el último en saborear las ricas aguas del río da Cal.
Este molino, y ya casi la totalidad de los 25 que se asientan en esta ladera, han pasado por las manos del taller de empleo del Rosal. La cantería renovada y teja intacta de las techumbres son muestra del buen trabajo que han realizado. El fin de este proyecto es conservar el patrimonio etnográfico y también, sin duda alguna, recuperar el orgullo de un pasado.
Cada molino que visitamos es especial: por su ubicación, por la familia que lo regentó, por los gravados que conserva, por sus piezas, o incluso por las conversaciones que esconden sus gruesas paredes.
Pero es en éste en el que ahora reparamos, pues es de los pocos que todavía se puede ver moliendo. El agua que baja desde la cima es la encargada de poner en funcionamiento el sistema artesano con el que se obtiene cada molienda. Y es que resulta asombroso comprobar que una misma corriente de agua puso en su día tantos molinos en funcionamiento.
A medida que avanzamos en nuestro camino vemos que se ha cuidado hasta el mínimo detalle, la jardinería, el entorno, y cada piedra ha sido restaurada minuciosamente. Con razón este conjunto de molinos ha sido declarado Bien de interés Cultural.
Todo tiene aquí un vínculo estrecho con la trabajosa vida del molinero, hasta las huellas, ya cicatrizadas, que quedan en el camino y que nos indican la ruta que seguían los carros cargados de grano y harina.
Esta ruta de suave ascenso nos conduce a la zona del Nivel donde el agua se distribuye, a partes iguales, para los molinos de O Picón y de O Folón. A tan sólo medio kilómetro se encuentra la capilla de San Martiño. Cada 11 de noviembre el santo de este mismo nombre llega a hombros de los feligreses tras la larga subida por la ladera del monte.
Hemos llegado a la mitad de nuestro recorrido y antes de avistar el conjunto de los 36 molinos que se desperdigan por esta abrupta cara, es inevitable dejarse encandilar por las vistas que este paraje nos ofrece. Con este goce paisajístico emprendemos la bajada por los molinos de o Folón. ¡Ahí están! Distribuidos en grupos de trabajo y con idéntica forma: el molino de la cereixeira, los ocho de Carreira dos burros, los cinco de Cova da Froia... y así, rodeando un envidiable conjunto natural, hasta llegar a los primeros, y los más antiguos. Molinos que datan de principios del XII.
Y es que ya dijimos que el Rosal tiene un rico patrimonio etnográfico en cuanto a molinos de agua se refiere. Un patrimonio que conserva día a día, muestra de ello lo tenemos también a orillas del Tamuxe, donde el molino de las Aceñas, ubicado en un entorno de notable arbolado y diferentes zonas recreativas, también está a punto de convertirse en una ilustrativa Aula de la Naturaleza.


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