El sol que no quema. - Programa 461

Ramón Cabanillas: El Poeta de la Raza
 
En una pequeña y típica casa marinera de la calle Novedades de Cambados vivió y escribió el “poeta da Raza” Ramón Cabanillas nacido en 1876.

De Cambados pobre, fidalgo y soñador, según palabras de Don Ramón Cabanillas, emigró el escritor a Cuba, y Madrid, entre otros lugares, por lo que el gran defensor del nacionalismo gallego a través del verso, fue un emigrante.
 

Un Mar de Riqueza
 
Hablar del mar en Cambados es hacerlo de la factoría más importante del municipio.

Más de mil quinientas personas tienen en el mar de Cambados su puesto de trabajo, que genera además otro tipo de actividades industriales y que hace de Cambados un pueblo netamente marinero.
 

Paisajes de interior
 
En el monte da Pastora comienza la ruta que hoy nos llevará por las entrañas verdes de Cambados. Divisar esta panorámica es clavar un aguijón en la curiosidad del viajero.

Ha llegado el momento que en cada programa reservamos para ponerse las botas y echarse a caminar. El recorrido que hoy les proponemos persigue la belleza, combinando varias rutas y dejándose llevar por el instinto.
 

Paisajes de Mar
 
“Sol de vran. Mar de Arousa, de praia a praia tendido, canso de loitar, repousa.”

Ramón Cabanillas

Con reminiscencias de la dorada luz del invierno, comenzamos nuestro paseo por algunos rincones que merecieron versos, de entre otros muchos, D. Ramón Cabanillas, Valle Inclán o Bouza Brey.
 

El sol que no quema
 
En Cambados el sol no quema, sólo acaricia suavemente a los campos y a las gentes de este pueblo marinero, fértil y señorial.

Navegamos por la Ría de Arousa para desembarcar a la altura de Cambados. Ésta es la Ría del Sol, un mar de sal y de abundancia sin el que no podría vivir este pueblo.
 

Los pequeños placeres
 
La verdad es que, más que de pequeños placeres, tendríamos que hablar de vivir a lo grande.

Más allá de la monumentalidad, la villa de Cambados descubre al viajero curioso otros secretos. Estos pequeños placeres son menos aparentes, pero aquí es fácil encontrarlos. Basta con perderse por las callejuelas que hay detrás de Fefiñáns.
 

Cambados, la Villa Real
 
La Villa de Cambados rodó de mano en mano sirviendo con lealtad a todos sus dueños.

Cambados ciega de piedra bien trabajada, ciega de historia entretejida con buenas y malas artes, con gracia y elegancia más propias de una importante corte que de una villa marinera que hasta en su nombre lleva el agua.
 

 
 


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